Project Description

The Stillness of the Wind

Como descubrir el valor de la rutina en tu legado.

Escrito por ivb | @gamefeeles | 25/08/2019

A todos nos mata la rutina. Levantarnos cada día a la misma hora, hacer las mismas cosas, ir a los mismos lugares y hablar con las mismas personas para resolver los mismos problemas, pero no nos conformamos con eso, a pesar de la estabilidad que nos trae sentimos que debe haber algo que nos aporte más valor. Sin embargo a muchos de nosotros nos gustan los videojuegos plagados de obras llenas de repetitividad.

Debido a su naturaleza de programa informático estos se prestan mucho a la repetición. Generando rutinas más o menos interesantes en función de pequeñas variaciones, y a como estas estimulan las decisiones del usuario. La novedad unida a la capacidad de planificación del jugador rompen esa rutina al superar, a través del diseño, la naturaleza estática y reiterativa del videojuego.

No obstante, hay pocos juegos que abracen la rutina como premisa. Poniendo hincapié en el mismo acto de repetir acciones, sin intentar ocultarlo con cambios de recursos, interacciones y entornos. En vez de buscar valor a las repeticiones, algo que al videojuego se le da tremendamente bien, estas se ocultan haciendo que el jugador se fije en lo novedoso. Por este motivo tiene un gran valor la obra que hoy nos ocupa.

The Stillness of the Wind es de esos pocos videojuegos que tratan con éxito la soledad y fortaleza a través de la monotonía de la rutina. En él nos ponemos en la piel de Talma, una anciana que vive en su pequeña granja, apartada del mundanal ruido. Cuando su familia decide irse a la gran ciudad se queda sola cuidando de su huerto, sus cabras y gallinas.

Día a día tendremos que mantener la finca a base de plantar y regar las semillas que consigamos, hacer queso con la leche de las cabras, procurar huevos de las gallinas, y recoger setas y otras plantas que vayan apareciendo por las inmediaciones. Habrá que estar atento también a las cartas que nos mandarán sus familiares y conocidos. Estas nos las entregará un mercader que se desvía de su camino casi cada día para traernos las novedades y negociar con lo que cultivemos.

The Stillness of the Wind es de esos pocos videojuegos que tratan con éxito la soledad y fortaleza a través de la monotonía de la rutina. En él nos ponemos en la piel de Talma, una anciana que vive en su pequeña granja, apartada del mundanal ruido. Cuando su familia decide irse a la gran ciudad se queda sola cuidando de su huerto, sus cabras y gallinas.

Día a día tendremos que mantener la finca a base de plantar y regar las semillas que consigamos, hacer queso con la leche de las cabras, procurar huevos de las gallinas, y recoger setas y otras plantas que vayan apareciendo por las inmediaciones. Habrá que estar atento también a las cartas que nos mandarán sus familiares y conocidos. Estas nos las entregará un mercader que se desvía de su camino casi cada día para traernos las novedades y negociar con lo que cultivemos.

“Casi” porque los días no serán del todo iguales, hay pequeñas diferencias entre las jornadas que variarán ligeramente nuestra rutina. Un día las cabras no querrán comer y nos privarán de su leche y en otro aparecerán multitud de setas a recoger por los alrededores de la propiedad, entre otros acontecimientos. Se trata de cambios menores por lo general, como los que podemos apreciar en nuestro día a día, puesto que el enfoque nunca deja de estar en esa repetición de días casi idénticos.

Esto está pensado para que descubramos el valor de todo cuanto nos rodea, pues cada minúsculo detalle de la creación participa de su misterio. El hecho de que un día nazca una seta donde ayer no había nada es testimonio de esa vida, quieta y sutil que pasa desapercibida ante la mirada veloz de quien busca desesperadamente nuevas experiencias. Este es uno de los temas que The Stillness of the Wind trata con sumo tacto, al aprovecharse de la homogeneidad de las jornadas para guiar nuestra mirada hacia ese pequeño espectáculo que se da en la finca de Talma. Donde las setas crecen y mueren, las cabras dan luz a nuevas vidas y el sol nos ofrece su representación particular de la vida en tres actos: amanecer, día y atardecer.

Al mismo tiempo que tan singular función se desarrolla ante nosotros, iremos viendo como, a través de las misivas, nuestros parientes se dejan absorber por el bullicio de la ciudad. Terminando por tener dificultades para reconocerse a sí mismos en sus vidas. No es de extrañar pues, igual que para nosotros, la rutina mata el alma cuando nos movemos sin considerar por un solo instante el mundo que nos rodea. Donde la granja de Talma nos invita a reflejarnos en la más pequeña de las cosas, el bullicio de la gran ciudad nos impulsa a vivir sin mirar, diciéndonos que no tenemos tiempo para estos asuntos.

Ajena al mundo de la gran ciudad, Talma no olvida lo que la define, pues toma una actitud de responsabilidad con lo que le ha sido dado. Más allá de la inevitable soledad que siente, especialmente cuando nos pasamos varios días sin noticias de nadie, se reconoce en la herencia de sus padres. Honrándoles al cuidar de la granja permite que crezcan dentro de sí las semillas que día tras día planta en su pequeño huerto.

Al mismo tiempo que tan singular función se desarrolla ante nosotros, iremos viendo como, a través de las misivas, nuestros parientes se dejan absorber por el bullicio de la ciudad. Terminando por tener dificultades para reconocerse a sí mismos en sus vidas. No es de extrañar pues, igual que para nosotros, la rutina mata el alma cuando nos movemos sin considerar por un solo instante el mundo que nos rodea. Donde la granja de Talma nos invita a reflejarnos en la más pequeña de las cosas, el bullicio de la gran ciudad nos impulsa a vivir sin mirar, diciéndonos que no tenemos tiempo para estos asuntos.

Ajena al mundo de la gran ciudad, Talma no olvida lo que la define, pues toma una actitud de responsabilidad con lo que le ha sido dado. Más allá de la inevitable soledad que siente, especialmente cuando nos pasamos varios días sin noticias de nadie, se reconoce en la herencia de sus padres. Honrándoles al cuidar de la granja permite que crezcan dentro de sí las semillas que día tras día planta en su pequeño huerto.

La aceptación de una herencia juega un papel muy importante para que la anciana no se pierda a sí misma, como sí pasa con sus hermanos y amigos. Ser fiel a su historia es doloroso para Talma, pues la incapacita para olvidar un tiempo donde la finca estaba repleta de vida. Sin embargo la capacita para algo más importante, para seguir un legado que la llena de sentido. Las pesadillas no te abandonarán hasta el lecho de tu muerte si le das la espalda a todo cuanto te constituye, y la finca compone a Talma, así que decide ser fiel y eso la llena de fortaleza.

Con suma sencillez, se alegra cuando una de sus cabras da a luz pues nuestra principal interacción con la recién nacida es una muestra de afecto genuina. También saluda con simpatía al tendero cuando aparece. Incluso la escopeta que guarda erra siempre el tiro cuando intentas disparar a cualquier criatura viva, pues tan solo sirve para espantar lobos. Esta suave alegría con la que Talma afronta el día a día solo es posible por como se reconoce en ese legado.

La aceptación de una herencia juega un papel muy importante para que la anciana no se pierda a sí misma, como sí pasa con sus hermanos y amigos. Ser fiel a su historia es doloroso para Talma, pues la incapacita para olvidar un tiempo donde la finca estaba repleta de vida. Sin embargo la capacita para algo más importante, para seguir un legado que la llena de sentido. Las pesadillas no te abandonarán hasta el lecho de tu muerte si le das la espalda a todo cuanto te constituye, y la finca compone a Talma, así que decide ser fiel y eso la llena de fortaleza.

Con suma sencillez, se alegra cuando una de sus cabras da a luz pues nuestra principal interacción con la recién nacida es una muestra de afecto genuina. También saluda con simpatía al tendero cuando aparece. Incluso la escopeta que guarda erra siempre el tiro cuando intentas disparar a cualquier criatura viva, pues tan solo sirve para espantar lobos. Esta suave alegría con la que Talma afronta el día a día solo es posible por como se reconoce en ese legado.

Incluso en los días más duros cuando sus cabras pasan hambre y la lluvia cala sus huesos, haciendo casi imposible el andar, Talma sale de su casa para recibir un nuevo día. Pues pase lo que pase la lealtad de la viejecita es total y su fortaleza no es otra que la de reconocer la finca como un don. Así el agradecimiento la acompaña hasta el fin de sus días, transformándola en un árbol firme donde otros pueden posarse, soportando un peso que es dador de vida.

“El Reino de los Cielos se parece a un grano de mostaza que uno siembra en su huerta; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un arbusto más alto que las hortalizas y vienen los pájaros a anidar en sus ramas.”

Mateo 13, 31-32