Project Description

Rosalía

Madre mía, Rosalía bájale.

Escrito por Ayax | @ayaxsoul64 | 07/05/2019

Si hay algo que me encanta del idioma alemán es su capacidad para crear palabras que encapsulan un significado propio. Ese tipo de maroma acrobático-lingüístico lleno de contundencia con el cual los germanos resumen hábilmente casi cualquier cosa. Desde el infame “Bliztkrieg” o “Guerra relámpago” hasta el famoso “Zeitgeist” o, como se traduce para los neófitos del idioma, algo así como “El espíritu del tiempo”. Espíritu el cual –a mi libre y subjetiva interpretación-  viene a representar el clima cultural e intelectual en un determinado periodo temporal. De manera más sensitiva me gusta definirlo como el “olor del momento”, esa sensación de inmediatez de los cambios y tendencias culturales que ocurren en tiempo real.

El zeitgeist del panorama musical actual (y en específico del pop) está fuertemente caracterizado por el irrefrenable fenómeno de globalización y beligerante inmediatez en la manera en como consumimos nuestra música. Solo estamos a un par de clicks de distancia de escuchar con total desparpajo los temas calientes del top 10 de J-pop de turno, oír alguna emisora de música autóctona sudafricana o volver a nuestra pequeña y autocomplaciente burbuja de clásicos imperecederos de la mano de nuestros héroes musicales eternos. Lo curioso del caso reside en cómo nuestra manera de catalogar los gustos musicales propios se ha ido trasmutando en entes con unos límites cada vez más difuminados –esto es evidente sobre todo en las generaciones más recientes, más abiertas a los cambios y a la sensación de novedad- con la que se crea nuestro perfil melómano minuto a minuto.

Y es aquí donde entra en escena esta chica de Barcelona. De 25 años, es una de esas mujeres que decidió hacer música tomando como influencia cualquier cantidad de artistas que la fueron moldeando en su crecimiento como cantante. Partiendo de una base claramente identificable como es el flamenco tradicional y, a la vez, dotando a esta de una elasticidad y frescura con múltiples fusiones rítmicas y melódicas de los géneros más en boga de estos tiempos. Desde el reinante hip-hop, pasando por el pegadizo trap, hasta incluso un dembow dominicano pa’ perrearlo hasta el piso. Para ella es igual de influyente Camarón de la Isla que Bjork; La reina Beyonce y la leyenda Janet Jackson le hacen guiños cómplices en cualquier coreografía reminiscente de semejantes monstruos en el escenario. Es una chica sin complejos musicales que igual escucha a Britney Spears que a Niña Pastori o a Wisin & Yandel en su spotify sin ningún tipo de complejos. Puede resultar contra intuitivo de analizar, pero su propuesta resulta tan fresca porque parte de una declaración honesta de intenciones y de gustos personales que, en estos momentos del panorama copy & paste de la música, ha caído como un fresco rocío mañanero.

Ya con dos discos a sus espaldas (Los Angeles y El Mal Querer) Rosalía ha demostrado una capacidad vocal que pocos artistas poseen. La verdad tenía mucho tiempo sin sentirme tan abrumado y emocionado por una voz tan potente, al igual que cuando escuché por primera vez al honorable hijo de Tim Buckley o la mismísima Edith Piaff. De ser ese pequeño (y bello) retoño de los círculos más experimentales del flamenco español con un primer disco emocional, lúgubre y cuasi rudimentario, Rosalía ha florecido y expandido en todas direcciones como la gran revelación mundial con su último disco.

El Mal Querer representa la antítesis de su anterior disco: Es un proyecto conceptual con mucho valor de producción en él, tratándose de un disco conciso y hermoso en el que, quizás a veces, desploma un poco su ritmo a causa de la presencia de alguna dicotomía en la producción.  Pero este detalle no hace que el disco caiga en el saco roto de la banalidad, debido a las acrobacias vocales de una cantante consciente de su propia capacidad para levantar un tema raquíticamente producido o, para con la misma integridad, hacerse un lado y dejar que los beats y samples hagan el grueso del trabajo mientras ella da muestras de virtuosismo vocal con florituras varias que a veces rayan en lo barroco.

Lo cierto es que todo el paquete que ofrece Rosalía es uno tan apetitoso y exótico que resulta difícil voltear para otro lado y hacerse el indiferente. En especial para los colegas músicos y autodidactas de dicho arte; los cuales se pueden jactar de tener conocimiento de las corrientes subterráneas que permean su propuesta, una muy velada y sugerente. Se deja apreciar sobre todo en esa capacidad para amalgamar sonidos y ritmos con una resolución casi imposible de creer. Compases y elementos sonoros que no deberían funcionar en el contexto de una típica canción pop se hacen ingredientes casi inverosímiles de una amalgama alquímica que convierte el plomo en verdadero oro musical. Pero no solo somos nosotros los pobres consumidores mortales que hemos visto algo, incluso sus iguales no dudan en deshacerse en halagos para con ella. Dua Lipa, Billie Eilish, Frank Ocean, J Balvin, Juanes, James Blake, Bad Bunny, Los Chunguitos y una miríada de artistas saben que ella es alguien especial, que ella lo tiene.

Esta Barcelonesa ha tumbado mediante su música cualquier tipo de prejuicio de los que intentan encasillarla y restringirla: Desde ser una choni poligonera que hace trap, una niña fresa para amantes del flamenco en su rama más hípster, una reaggetonera del montón, un fraude para los representantes del flamenco más recalcitrante o un producto de consumo masivo Iluminati llevado a cabo tras bastidores por Sony. Rosalía los ha defraudado a todos por no ser eso que ellos querían que fuera. No se ha defraudado a sí misma y eso es en realidad lo único que importa.

Rosalía ha pasado por escenarios tan reconocidos como el del programa de Jools Holland, ha sido la revelación de un festival de Coachella 2019 muy latino. Por último, la susodicha ha llenado presentaciones en Nueva York en el famoso Webster Hall; haciendo suya la misión de quebrar cualquier barrera idiomática en sus canciones a fuerza de entrega y pasión sobre el escenario. Justo en uno de esos momentos del concierto ocurrió un instante mágico en el que Rosalía proclamaba un “Esto no es normal” al verse totalmente conmovida por la recepción del publico coreando sus canciones. Y si hay que amarrar el concepto inicial del “Zeitgeist” propuesto al principio del texto con esto último diría que todos los que seguimos con algo de asiduidad a Rosalía tenemos el presentimiento de que ella no es una artista normal, es de esas que te mueven e inspiran a base de dedicación y verdadero talento. Es una suerte de emoción autentica por ser testigos en cómo esta chica tiene una capacidad inagotable e innata para salir de su zona de confort (y a la vez sacarnos a nosotros de la nuestra) para proponer cosas excitantes sin dejar nunca de lado su esencia mainstream. Es el conjunto de todas esas virtudes lo que más asusta de ella: Una voz fuera de este mundo, con una propuesta escénica contundente y teatral, una entrega a prueba de dudas y una belleza física evidente. Asusta el pensar que en estos momentos no hay techo para proyectar su carrera. Ella huele a caballo ganador, se puede oler en el aire, es el zeitgeist.