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Kipikadas II

Pensamientos desordenados sobre cualquier cosa.

Escrito por Kipik | @kipik | 26/03/2019

Thumper (Drool, 2016)

Thumper es sin duda el de juego de ritmo con los ritmos más extraños de la historia. Lejos de establecerse en compases como el omnipresente 4/4 o el 3/4, cada fase tiene un compás propio que se compone del número del nivel (que sería algo así como el mundo) y el de la fase, teniendo desde el simple 2/4 hasta el loco 5/21. Esto resultaría increíblemente extraño y casi injugable si no fuera por lo abstracto de la música y sobre todo por su forma de usar los ritmos: cada fase dentro de un mismo nivel va introduciendo las secuencias rítmicas de los anteriores aplicadas a su propio contexto, funcionando como piezas de un puzzle.

Así, cada fase se siente intrigante y familiar a la vez casi sin que te des cuenta, puesto que al final son pequeñas secciones que forman parte de un todo cada vez mayor en el que “solo” (porque ejecutar lo que ya sabes a velocidades absurdas es cualquier cosa menos fácil) tienes que expandir lo que ya conoces rellenando los huecos y, consecuentemente, los compases extraños dejan de ser un problema para convertirse en una forma de añadir variedad rítmica y mecánica casi sin que te des cuenta.

From Software, dificultad y eufemismos

“Los Souls no son difíciles, son exigentes”. No sé cuántas veces he oído esta frase, pero sí sé que es una gilipollez.

No soy un jugador experimentado en los juegos de From Software ni mucho menos, pero si algo te dejan claro sus juegos desde el principio es que no van a ser un camino de rosas. Los Souls son difíciles, duros, a veces injustos, pero esto no es algo malo sino una decisión completamente intencionada y consecuente con el planteamiento del juego, puesto que refuerza y da sentido a la propuesta.

Las tonterías que se han soltado sobre estos juegos no son más que formas de intentar justificar todas esas mentiras sobre diseño que se llevan defendiendo ciegamente durante años, negando la mayor sin pararse a pensar en lo que tienen delante de las narices.

Shinsekai (Midori, 2010)

Shinsekai empieza con un contraste la mar de interesante: esa presencia femenina, mona y un tanto infantil parece estar fuera de lugar en un tema alegre que mezcla un piano algo inquietante, flauta dulce y una batería excesivamente ruidosa para la música a la que acompaña. Sin embargo, rápidamente nos deja claro que ese contraste no es tal, y que esa presencia femenina es en realidad la que, libre y sin complejos, creará el caos y lo manejará a su antojo, haciendo que todo gire a su alrededor en un disco punk-jazz que no deja de evolucionar y sorprender.

Aku no Hana [II]

Aku no Hana fue un fracaso absoluto. De nada le valió tener al director de Mushishi y adaptar un manga de bastante renombre, puesto que acabó vendiendo un total aproximado de 600 copias en Japón (obviamente insuficientes para hacer una segunda temporada). Como Kasuga, el protagonista de la serie, las expectativas que tenía sobre sí misma resultaban absurdas y completamente alejadas de la realidad: era un anime que no había pedido nadie y que apelaba a un público inexistente.

Sin embargo, Hiroshi Nagahama supo entender el valor de la obra original y hacerla funcionar. Lejos de esconder su cruda visión del ser humano en una fachada kawaii que la dotaba de un tono claramente erróneo para aquello que intentaba contar, se desmarca de cualquier otra obra del medio para representar a sus personajes tal y como son: personas. A esto le sumó un ritmo increíblemente lento que nos hace partícipes de todo lo que le ocurre a Kasuga, tanto sus interacciones con los demás como los -no pocos- momentos de absoluta soledad, en los que la serie realmente brilla dotandolas de un peso y una atmósfera como nunca he visto.

Typhoon Club (Shinji Somai, 1985)

Ojalá poder bailar así.