Descripción del proyecto

Hypnospace Outlaw: luces y sombras de la nostalgia

Antes todo esto era campo.

Escrito por ivb | @Gamefeeles | 19/05/2019

Se habla mucho de nostalgia en el mundo de los videojuegos. Remasters y remakes están a la orden del día y el conservadurismo impregna buena parte de franquicias reconocidas, hasta el punto que algunas se plagian a sí mismas. El objetivo de todo esto está claro; quien más quien menos atesora una experiencia única a los mandos de algún juego con cierta antigüedad, así que las obras que prometen volver a esas vivencias parten de un público fácil y agradecido. Tan solo hay que darles lo que recuerdan, es decir, lo que vivieron actualizado a las convenciones actuales.

Por todo esto se genera un debate constante alrededor del anhelo por el pasado, con sus detractores y partidarios dando guerra por las redes sociales. Hay quien critica la falta de originalidad, incluso como parte de un cálculo maquiavélico de ciertas multinacionales para vender más por menos, pues los números hablan por sí solos. Al final del día quien ve los remakes y remasters con buenos ojos puede mostrar su entusiasmo en las redes o aportar su punto de vista, pero el mayor argumento que tiene es el gráfico de ventas de cualquier empresa medianamente conocida. Como queriendo decir: si el público quiere eso, ¿cuál es el problema?

El partir de bases completamente distintas dificulta la comunicación entre ambos bandos, haciendo la mayor parte del debate estéril. Por eso es significativa una obra como Hypnospace Outlaw (HSO en adelante), que pone en juego la nostalgia, contrastando sus luces y sombras a través de un diseño inmersivo y natural. Porque al final del día se puede ser más o menos elocuente a la hora de tratar el tema pero resulta irrelevante ante un sentimiento que no atiende a razones. Así que no puede ser más acertada la idea de hacer un juego que permita experimentar la nostalgia en toda su gloria y pequeñez, construyendo por el camino un discurso que aporta al debate.

La obra de Jay Tholen y su equipo es un simulador de sistema operativo (HypnOS) de una versión alternativa y pasada de vueltas de los 90, al que dentro de la ficción te conectas en sueños. En él, deberemos actuar como moderadores de contenido de su extraña parodia del internet de la época. Para ello podremos navegar el entramado de páginas que componen HSO en busca de ofensas para denunciar con el martillo de moderador, principalmente: robo de propiedad intelectual, acoso a otros usuarios, venta de productos ilegales, distribución de virus o malware y venta a través de medios y monedas no soportados por Hypnospace.

Lo primero que llama la atención del título es lo inmersivo que resulta, empezando por una secuencia de arranque que recuerda a las de la época, en la que podremos acceder a una BIOS falsa si así lo queremos, desembocando en una especie de escritorio de baja resolución donde descargar y ejecutar las diversas aplicaciones que iremos bajando. Desde imágenes para el escritorio, fondos de pantalla y documentos varios, pasando por editores básicos de sonido, música para añadir a nuestra lista de reproducción y terminando en cosas que es preferible descubrir por uno mismo. Me habrá pasado no pocas veces cerrar el juego e inmediatamente buscar con la mirada, en mi propio ordenador, las mismas aplicaciones que HypnOS ofrecía.

No obstante, tras un corto tour por las opciones del escritorio, HSO no tarda en contarte tus obligaciones como moderador, pues está más interesado en que empieces a navegar por su loco internet particular. No es de extrañar ya que este comprende la mayor parte del tiempo que pasarás dentro de HSO y como tal es el principal encargado de pintar esa peculiar atmósfera noventera.

Accesibles a través de comunidades que se van desbloqueando poco a poco y un buscador, las webs son las protagonistas del juego de Jay Tholen. Funcionando como ventanas a la personalidad de quienes las han subido, se tratan del elemento caracterizador fundamental y un ejemplo perfecto sobre cómo escribir personajes a través de sus obras. Como si de pequeñas creaciones artísticas se tratara, cada una de ellas está dotada de una personalidad que transmite muy bien las filias y fobias de cada usuario de Hypnospace. Esto lo logran gracias a un diseño que tiende a ignorar la funcionalidad en favor de elementos inapropiados que dicen mucho de quien los ha puesto ahí. Se trata de usar lo inadecuado como herramienta para mostrar los rasgos peculiares de unos individuos cuya presencia deja huella.

Sin embargo, HSO no se sirve de sus rarezas únicamente para mostrarnos a sus variopintos personajes, sino que se aprovecha de ellas para reforzar el ambiente del internet de la época. Al no haber estándares de diseño muy marcados cada cual se montaba sus páginas como podía, resultando en una amalgama de webs que pintaban paisajes con encanto propio; incoherentes, extraños e incluso difíciles de seguir, pero siempre transparentes para con la naturaleza de sus autores. Pues del mismo modo que un niño juguetea con distintas cosas por desconocimiento, los primeros consumidores de ese internet incipiente hacían lo propio con los elementos del diseño web. Así, la personalidad de sus usuarios formaba un ecosistema único, formado a partir de esa falta de referencias y conocimiento particulares, a la par que destacaba una suerte de inocencia tontorrona que terminaría siendo lo que muchos recordamos con nostalgia y lo que HSO refleja.

Accesibles a través de comunidades que se van desbloqueando poco a poco y un buscador, las webs son las protagonistas del juego de Jay Tholen. Funcionando como ventanas a la personalidad de quienes las han subido, se tratan del elemento caracterizador fundamental y un ejemplo perfecto sobre cómo escribir personajes a través de sus obras. Como si de pequeñas creaciones artísticas se tratara, cada una de ellas está dotada de una personalidad que transmite muy bien las filias y fobias de cada usuario de Hypnospace. Esto lo logran gracias a un diseño que tiende a ignorar la funcionalidad en favor de elementos inapropiados que dicen mucho de quien los ha puesto ahí. Se trata de usar lo inadecuado como herramienta para mostrar los rasgos peculiares de unos individuos cuya presencia deja huella.

Sin embargo, HSO no se sirve de sus rarezas únicamente para mostrarnos a sus variopintos personajes, sino que se aprovecha de ellas para reforzar el ambiente del internet de la época. Al no haber estándares de diseño muy marcados cada cual se montaba sus páginas como podía, resultando en una amalgama de webs que pintaban paisajes con encanto propio; incoherentes, extraños e incluso difíciles de seguir, pero siempre transparentes para con la naturaleza de sus autores. Pues del mismo modo que un niño juguetea con distintas cosas por desconocimiento, los primeros consumidores de ese internet incipiente hacían lo propio con los elementos del diseño web. Así, la personalidad de sus usuarios formaba un ecosistema único, formado a partir de esa falta de referencias y conocimiento particulares, a la par que destacaba una suerte de inocencia tontorrona que terminaría siendo lo que muchos recordamos con nostalgia y lo que HSO refleja.

Planteando una versión caricaturizada de los 90 HSO logra resonar con nuestra memoria mejor que si representara fielmente la época, pues tendemos a recordar versiones azucaradas y deformadas de aquello que nos provoca nostalgia. Por este motivo el tipo de tareas que realizamos, los personajes con los que nos topamos y el mismo mundo del juego tienden hacia una locura paródica que casa bien con el recuerdo. Este viene reforzado por el aspecto inmersivo de la simulación, que define el contexto en el que la obra desarrolla su reflexión sobre la nostalgia.

Todo esto facilita la empatía hacia ese mundo extraño, generando cierta calidez en el jugador. Ver las respuestas de los usuarios de Hypnospace a tu actividad moderadora hace que se sientan vivos, como parte de una comunidad que está en constante movimiento, reaccionando tanto a tus acciones como al paso del tiempo. Pues a medida que completas tareas te vas encontrando con pequeños saltos temporales que reflejan cambios sustanciales en la red. Estos suelen mostrar su autonomía y son el principal elemento del que HSO se sirve para comunicar su discurso sobre la nostalgia, pues obedecen a cambios que están fuera del alcance del jugador; el tiempo como fuerza incontrolable que todo lo altera, queramos o no.

La presencia del tiempo en HSO es también la forma en que la cruda realidad se va colando. El mundo que conoces cambia y aunque no lo quieras, cada salto temporal lo transforma en algo distinto. El Hypnospace de las primeras horas de juego no es el mismo que el de media partida y no hay nada que puedas hacer para evitarlo. Esto resalta aún más tu condición como moderador de contenido, pues tu trabajo consiste en vigilar esa comunidad, procurando que no se desvíe y se mantenga siempre el mismo orden pero, sorpresa, eso tampoco se puede controlar. Cada vez que pasa el tiempo todo se desvía más y más de ese punto inicial, hasta que sucede una verdadera tragedia (spoilers importantes a partir de este punto).

Resulta significativo que sea Dylan, el propio creador de Hypnospace, quien con sus ansias de demostrar algo al mundo provoque la mayor cantidad de fallos en HypnOS, lanzando versiones bugueadas de un juego en el que estaba trabajando. Hasta que el sistema no puede más y revienta, provocando la muerte de unas cuantas personas al explotar los dispositivos que les conectaban a la red mientras dormían.

Al principio los eventos que provocan los saltos temporales sirven para demostrar al jugador que no puede dominar el paso del tiempo, gracias al desmadre al que Hypnospace va desembocando, pero no es hasta que el propio creador del sistema se lo carga que la nostalgia no empieza a impactar con fuerza. Cuando todo explota el juego te lanza al presente, convirtiendo lo que has vivido hace apenas unos segundos en parte de un pasado lejano. El cambio, instantáneo, se siente como un choque de realidad duro pues realza la condición artificial del juego. Ya no estás en los 90, nunca estuviste en esa época, sino frente un juego que la simulaba, con sus modas y comunidades.

Así, dentro de la ficción, cuando te vuelves a conectar ya no te encuentras en una sociedad viva, sino en una copia archivada de todo Hypnospace. Entonces te ves obligado a buscar pistas en un cementerio digital, con la ausencia de los individuos que mantenían viva la red golpeando con ímpetu. El deseo de liderar el presente llevó a Dylan a destruir vidas inocentes, junto con todo lo que había creado, ignorando deliberadamente lo que tenía delante. Echando la vista atrás recuerdas como te dejaste llevar por el encanto de las modas de esos 90 pasados de vueltas y resulta difícil no dejarse invadir por esa calidez que nunca volverá, la memoria de un tiempo que mezcla tristeza con afecto.

Es como si HSO te lanzara la pregunta, ¿es así como recuerdas tu pasado? Como un tiempo repleto de errores, que fue relegado por un golpe de realidad, pero que te permitió participar de su maravilla mientras duró.

Por ello es aún más significativo el final, con Dylan aceptando sus crímenes y entregándose voluntariamente. Porque ante la memoria del ayer solo nos queda responder al presente por nuestras acciones. El recuerdo azucarado de tiempos pretéritos provoca tristeza, sin embargo esta puede ser superada contestando a nuestra historia en el aquí y ahora.

Por todo esto HSO es una mirada al pasado llena de ternura, aun siendo consciente de sus ridiculeces. Fuimos estúpidos, caricaturescos, incluso hay quien pudo excederse provocando un dolor irreparable, pero ante las trampas de una moda ridícula podemos aceptar que el pasado nunca volverá y que tenemos un presente al que toca responder. Merece la pena revivir viejos tiempos, del mismo modo que tiene valor estar inmerso en el ahora, siempre y cuando no perdamos de vista quienes somos y no nos dejemos llevar por el atractivo de la actualidad. Puesto que la nostalgia es traicionera cuando no asumimos las responsabilidades del tiempo presente.

Esta es la contribución de HSO al debate de la nostalgia, contrastando su calidez con su escapismo irresponsable. Como queriéndola equiparar con la obsesión por una moda, permite que vivamos las costumbres del pasado con aquel afecto delirante que no admite consecuencias. Nos hace partícipes de su locura a través de las vivas comunidades que plantea, arrebatándonoslas justo a tiempo para que las percibamos como parte del pasado. En este diálogo entre la moda que vivimos durante el transcurso del título y la moda hecha nostalgia que experimentamos en su recta final, nos descubrimos cómplices de los errores de esa época. ¿O acaso no nos dejamos embelesar por ella?