Descripción del proyecto

Fez

La tridimensionalidad como oportunidad de descubrimiento.

Escrito por ivb | @gamefeeles | 22/02/2020

Mis videojuegos favoritos son aquellos que contienen algún tipo de exploración como premisa central. Ya sea como un modo de profundizar en las posibilidades mecánicas de un avatar como en los beat them up (Fight’N Rage, Streets of Rage) o los hack and slash (Devil May Cry, Bayonetta), como inmersión en un mundo con sus propias reglas y misterios (Subnautica, Outer Wilds) o como forma de empaparse de una historia hasta entrar en lo más íntimo de unos personajes y el lugar donde viven (Iconoclasts, Final Fantasy X), el descubrimiento siempre dota de vida a las obras que disfruto.

Este descubrimiento remite a la verdad oculta de todas las cosas, es el mecanismo por el cual la naturaleza de algo se nos revela como una alteridad. Es como penetramos en el orden del mundo y participamos de él, es como yo entro en contacto con el videojuego. Sin este encuentro la realidad permanece impasible, nada cambia y yo sigo igual, solo existen mis pensamientos.

Para que una obra entre a formar parte de mi vida debo poder formar parte de la suya, necesito adentrarme mediante el hallazgo de su naturaleza, descubrirme en ella. Qué tanto hay de mí en la creación de otros, pero especialmente cómo me transforma el entrar en contacto con algo radicalmente distinto, que aporta nuevas perspectivas a mi mundo interior, nuevas formas de abrazar el mundo.

Fez (Polytron, Phil Fish, 2012) trata esta idea de descubrimiento, pues todo cuanto existe en él sirve para este propósito. A un nivel básico el título es un plataformas 2D donde, además de saltar, se puede cambiar de plano pulsando un botón. El mundo está en 3D pero el espacio que habitamos es bidimensional, por lo que nos moveremos en uno de los cuatro planos que forman las distintas perspectivas de esta tridimensionalidad.

El objetivo principal del juego es recoger tres tipos de coleccionables: los trozos de cubo, que están repartidos por el mundo, los cubos, que usualmente están al final de un pequeño reto y se consiguen explorando el mundo con normalidad, y los anti-cubos, que se consiguen resolviendo puzles, a menudo ocultos a simple vista. Luego tenemos los artefactos, cuyo propósito es un misterio y tendremos que averiguar interpretando mensajes y señales repartidas por los niveles.

Sea como fuere, los coleccionables funcionan como un indicador de nuestro compromiso con el mundo del juego, pues aquí lo importante es dejarse llevar por el placer del descubrimiento. El juego ya se encarga, mediante la propia exploración y atención requerida por parte del jugador, de equiparar la obtención de un artefacto con el desentierro de una verdad oculta o de una reliquia ancestral.

Sin embargo, lo genial del juego y el motivo por el que le estoy dedicando una entrada no son los coleccionables o la idea general de rompecabezas, que ya remite al descubrimiento y aplicaría a una miríada de videojuegos. La razón por la cual estoy escribiendo estas líneas es por cómo esta obra imbuye su mundo de un aura de misterio y cómo transforma cada gesto que haces en el juego en una oportunidad para la sorpresa y exploración más genuinas.

Cada cambio de dimensión funciona como un pequeño descubrimiento, una anticipación a las sorpresas que se ocultan a la vuelta de la esquina. Al entrar por primera vez en cualquier escenario del juego no sabes qué esconden las demás caras del mundo y es común que al cambiar de dimensión te encuentres con algo que recontextualiza el espacio que habitas: transformando su orden espacial, dotándole de más elementos destacables a explorar o ambas. Esto empapa el universo de una presencia especial, pues la maravilla del misterio del mundo está solo a un botón de distancia.

Por otro lado tenemos el efecto del escenario sobre el mundo del juego. El lento cambiar entre día y noche, del paisaje y la banda sonora, refleja el paso del tiempo de un modo que recuerda a la riqueza del mundo, a su complejo espectro tonal. Ver al entorno transformándose poco a poco en otra cosa es una fuente de maravilla, aún más cuando el juego se aprovecha mecánicamente de este ciclo, dejando claro que se trata de una decisión estética deliberada en pos de la exploración. Con esto tenemos una profundidad bidimensional, pues se da en el espacio y el tiempo; moviéndonos y cambiando de dimensiones, pero también mediante el paso de los días.

El uso de mecánicas sobre el paisaje revoluciona la manera en la que nos relacionamos con el mundo. El cambio de perspectiva te permite alcanzar lo que antes era imposible, pues la forma en la que vemos las cosas es definitoria en las opciones que tenemos para relacionarnos con ellas. Por ello cambiar de perspectiva tanto física como mental nos da la clave para resolver los misterios del mundo. Así, vuelve a ser relevante esa realidad oculta, invisible, que comentaba hace ya un tiempo, pues es lo que dota a Fez de su profundidad.

No es tanto lo que el juego nos ofrece al momento como el entramado de significados que logramos unir mientras estamos saltando entre plataformas. Nuestro conocimiento del universo del título es lo que le da vida, al completarlo con nuestro propio ser, pues el tejido de Fez está formado por una red de venas por las que circula nuestra mente como la sangre a través de un cuerpo.

La realidad oculta de Fez es el choque entre su mitología y nuestro intelecto, siendo esto lo que engendra el verdadero descubrimiento; el núcleo de toda exploración posible. Cuando el mundo y el individuo se unen es cuando se revelan mutuamente y puede la naturaleza de ambos realizarse. Sin un mundo por descubrir la persona se queda vulnerable ante sus pensamientos y sin una persona que lo descubra el mundo carece de propósito.

De esta forma cada pequeño gesto del jugador y cada pequeño gesto del mundo se alimentan mutuamente, del mismo modo que el mundo real y el mundo oculto, el mental que reside en el jugador, se nutren para replicar el misterio de Fez. SPOILERS DEL FINAL A PARTIR DE ESTE PUNTO

Incluso el final del título valida esto en cierta manera, al transformar el juego en una especie de búsqueda espiritual para penetrar el tejido del mundo y desentrañarlo a todos los niveles posibles. Así, el final nos muestra lo que existe entre el protagonista y lo más pequeño e insignificante si lo completamos con la mitad de cubos, esto también tiene en cuenta los anti-cubos recogidos, y entre el mismo avatar y la inmensidad del cosmos si terminamos el juego con todos los cubos y anti-cubos. Llegando así a todos los rincones de la existencia, no solo en distancia y tiempo, sino también en un tercer eje, la escala del mundo. De hecho conseguir la mitad de cubos desbloquea la habilidad de ver en 3D como reflejo de esta inspiración espiritual. El experimentar la escala del universo también recuerda a la idea de iluminación como experiencia de los aspectos más profundos de la realidad, eso es, su dimensión física palpable y su dimensión espiritual, oculta a simple vista.

De esta manera se puede ver en Fez uno de los mejores ejemplos sobre cómo la interacción entre un jugador y un mundo da lugar a versiones mentales del mismo, alimentando su misterio y ensalzando su naturaleza. Sobre como el gesto más insignificante puede desvelar las maravillas del universo y el mero hecho de observar un lugar creado para ser visto nos recompensa con toda su riqueza. Pues el universo de Fez está vivo, es una presencia viva, que colma de bienes a quienes se atreven a adentrarse en él.

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