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El mundo vivo de Subnautica

Como hacer que un lugar valga la pena ser explorado.

Escrito por ivb | @Gamefeeles | 06/02/2019

Los videojuegos de supervivencia son una de las mayores espinas que tengo clavadas, pues se trata de un género que me gustaría conocer en mayor profundidad. El énfasis puesto en la exploración de un mundo para lograr vencerlo es una idea del todo atractiva para mi, pues enfrentar al jugador con un entorno es algo que los videojuegos ya hacen especialmente bien. Sin embargo suelo toparme con una barrera insalvable cada vez que intento jugar a uno. Esta se debe a que suelen partir de una noción arraigada en la instrumentalización del entorno, contradiciendo el género con la misma idea de explorar y sobrevivir en un mundo interesante.

Esta instrumentalización implica que en la mayoría de juegos de supervivencia el entorno que habitas no es más que una excusa para enfocar al jugador hacia la dominación de los ecosistemas. Como el propio nombre del género indica, la cosa va de sobrevivir así que el mundo se construye alrededor de recursos y obstáculos. El entorno como medio al alcance del jugador resulta en una forma reductiva de entender la naturaleza y choca de frente con la importancia que los propios juegos del género suelen darle. Esto le resta peso al juego, haciendo que pierda el interés más pronto que tarde. Si el mundo no importa, ¿por qué sobrevivir en él?, ¿qué relevancia puede tener un lugar que no invita a ser explorado? Aquí es donde entra Subnautica.

La obra de Unknown Worlds vuelve a poner en el punto de mira la promesa de sobrevivir en parajes desconocidos y atrayentes; repletos de vida e historia local. Para ello construye el planeta al margen del jugador, diseñado con una naturaleza propia a la que, al menos aparentemente, no le importa tu existencia. Todo gira alrededor de la idea de bioma, distinguiendo grupos de ecosistemas a partir de un terreno, flora y fauna particulares. El trabajo que se le ha dado a cada lugar, para que se sienta parte de un mundo vivo, refuerza la identidad del planeta que exploras, potenciando el interés por el mismo y haciendo de la supervivencia algo más personal.

Cada recurso tiene su lugar y sentido en el mundo, siendo posible encontrar el que necesitas en cada momento al considerar la idiosincrasia de cada zona. Por ejemplo, ciertas plantas solo se encuentran en cuevas de determinados biomas que no reciben la luz del sol. También se puede deducir el comportamiento de ciertas especies en función de su hábitat y costumbres, dando la impresión de vida al margen de las necesidades del jugador.

Aún con todo, Subnautica no se limita a simular un entorno ya de por sí fascinante, sino que se apropia de géneros distintos para reforzar el sentido de lugar. Al fin y al cabo lo que define una arquitectura es lo que haces en ella, qué implica habitar ese espacio. Si una zona debe sentirse como una pequeña mazmorra, por estar construida por personas, y otra jugarse como un juego de miedo con espacios abiertos e insondables, por estar en lo más profundo e inhóspito del océano, que así sea. De esta manera, la obra de Unknown Worlds juega con principios de diseño muy distintos entre sí, dejando que los mismos espacios definan cómo debe afrontarse la obra en cada momento.

Esto nos lleva a ponderar cómo interactúan los sistemas propios del survival con un mundo con tanta personalidad como el de Subnautica. La recolección de recursos y planos de diseño de nuevas herramientas funciona como en cualquier juego del género, con la salvedad de un diseño más orgánico al aprovechar el concepto de bioma para darle sentido. Como decíamos al inicio, los ecosistemas coherentes del juego potencian el interés por la exploración, implicando más al jugador en la búsqueda de recursos. Esto conlleva un diseño de llaves, cerrojos y puertas intuitivo que aprovecha la fabricación de elementos propia de los juegos de supervivencia. Es decir, se ve con claridad qué puede ser un recurso útil y donde se puede encontrar lo que necesitas para superar las barreras que el entorno pone, pues todas las posibilidades del juego forman parte, de un modo orgánico, del mundo que plantea.

Por otro lado tenemos el diseño del progreso de la aventura, donde las limitaciones impuestas por el mundo del juego fuerzan a afrontar el planeta de maneras distintas en función de las herramientas de navegación de las que se dispone. Esto es importante pues la forma de leer el terreno cambia radicalmente si se va a nado o con un vehículo que permita andar por el fondo marino, por ejemplo. Así, aunque una simple ampliación del tanque de oxígeno ya varía la manera de relacionarse con un terreno conocido, cada elemento de navegación que desbloqueas cambia aún más la forma de afrontar el entorno, haciendo novedosas zonas harto vistas.

Lo comentado hasta ahora contribuye a una sensación de aventura auténtica, puesto que el juego se transforma en función del entorno y de como las herramientas del jugador interactúan con este. El cuidado puesto en la naturaleza lleva a equiparar el conocimiento que se tiene de la misma con la capacidad del jugador para superarla. Valorando el entendimiento que se adquiere del mundo no solo se hace la supervivencia más efectiva, sino que se consigue que poco a poco vaya surgiendo un afecto genuino por los espacios que se habitan.

Las distintas opciones de navegación unidas a una recolección de recursos coherente con el mundo generan fascinación por el universo de Subnautica, que parece cumplir la promesa de los juegos de supervivencia; enfrentarse a un mundo interesante, con agencia propia y algo que aportar. Además del maridaje de géneros en función del bioma o lugar donde el jugador se encuentre, dando más fuerza al conjunto si cabe. Al final el interés por sobrevivir en un entorno hostil empieza por habitar un mundo sugerente. Esta obviedad que muchos juegos de supervivencia ignoran es la máxima prioridad de Subnautica, donde los sistemas de supervivencia, formas de navegación y maneras de entender el entorno arraigan con fuerza. Al fin y al cabo se encuentra hostilidad en la indiferencia de un mundo vivo, pero también se puede hallar plenitud en su naturaleza y esto hace que valga la pena.