Descripción del proyecto

Una compañera perfecta

Escrito por Dr.Tenma. Maquetado por ivb | 19/12/2018

El inspector Jin observa desde la puerta de la sala de la comisaría a la joven que está sentada cabizbaja en una de las incómodas sillas de la sala. Es la recepcionista de la Corporación Eldon que abrió el paquete del que toda la comisaría habla. Va vestida con lo que Jin intuye debe ser su ropa de trabajo: falda oscura de tubo, camisa blanca y un pañuelo rosa anudado al cuello; únicamente le falta la chaqueta a juego con el pantalón.

Jin avanza lentamente por la sala -“Es triste, no debe tener más años que mi niña pequeña. Es aún una cría sacándose un sueldo para pagarse los estudios“, piensa-. Cuando está a su lado observa mejor el lamentable aspecto de la chica: rímel corrido, ojos hinchados, labios en los que el carmín se distribuye irregularmente… Ni siquiera va limpia, tiene manchas rojizas ya secas por sus extremidades y camisa. Pese a ese aspecto, Jin no puede evitar notar que la chica es atractiva… O al menos lo es en un día normal. Pero hoy no es un día normal.

El inspector teme que el más mínimo ruido asuste a la chica, por lo que se sienta con sumo cuidado a su lado y evitando cualquier tipo de movimiento brusco.

– Tranquila -dice con calma mientras la mira con tristeza a los ojos- sólo serán un par de preguntas.

La joven asiente con la cabeza, pese a que parece estar más interesada en la pared que tiene delante a la que mira fijamente.

El aspecto del inspector Jin es de todo menos convencional, aunque hoy es un día lluvioso y la ciudad ha entrado ya en el invierno, él lleva un pantalón corto y una camiseta visiblemente desgastada que compensa con una corbata. Es un señor de mediana edad y tamaño grande, alto y ancho, y pese a su ascendencia china, habla con un fuerte acento madrileño. La respiración de Jin resuena por la pequeña sala.

– ¿Tú fuiste la que abrió el paquete?

– Lo trajo él -su voz suena casi infantil, casi disculpándose-, dijo que quería devolverla. Al… Es una bolsa de devolución. Se devuelven en las bolsas realmente… Yo no hago las normas… -las lágrimas vuelven a la cara de la recepcionista y Jin le coge la mano para que se calme- La abrí, es el protocolo, y vi… Pensé que era una broma… -justo entonces, la chica se calla, sufre una arcada que no puede contener y vomita en la sala.

Julio espera sentado en una sala luminosa, prácticamente blanca, aunque su luz no proviene de ninguna ventana. Sólo hay una mesa, dos sillas enfrentadas y un espejo. La puerta se abre y por ella entra una mujer alta vestida con un traje oscuro que contrasta con su larga cabellera plateada. Aunque es evidente que se trata de una persona mayor cercana a la jubilación, aun parece conservar toda su vitalidad.

– Es usted Julio Hortaleza, ¿verdad? -habla con una voz calmada y su rostro tiene una perpetua sonrisa. Al sentarse coloca encima de la mesa una grabadora, un cuaderno y una carpeta fina- ¿Te importa que grabe la conversación?

– No, claro pero como le he dicho a su compañero -dice con educación Julio- ya sé que la garantía del modelo S0F14 ha terminado… No pretendía crear molestia.

– No es molestia -dice la mujer con cierto tono de preocupación- pero, como entenderá, a todos nos interesaría saber qué ha pasado… Quiero decir, qué ha fallado en… -guarda silencia mientras ojea su cuaderno, pero antes de que hable Julio añade: “El modelo S0F14“-. Sí, curioso nombre, ¿no te parece? -Julio ni se inmuta- ¿Puedo tutearte? Es que se me hace un poco raro hablar de usted con un muchacho tan joven… Por cierto, soy Lidia, la doctora Lidia.

Julio sonríe y responde.

– Bueno -dice titubeando- todos los modelos tienen nombres alfanuméricos, es el procedimiento estándar. Es de la clase S, modelo 0… Creo que la f y el número posterior es propio de cada unidad concreta.

– Ya veo -le dedica una sonrisa cómplice a Julio. Abre la carpeta y saca seis fotos que coloca delante de Julio- ¿Reconoces de entre estas fotos a tu… Modelo?

– ¿Perdone? -Julio mira con extrañeza y cierto enfado a la doctora- ¿Dudan de que el modelo fuera mío?

– Julio, tranquilo -dice con calma- esto es parte del proceso, no dudo de tu palabra. Al contrario, sé que sabes cuál es tu modelo pero necesito que lo identifiques.

– Ésta es -Julio mira las fotos y señala la foto de una chica morena y sonriente.

– De acuerdo, Julio. Por cierto, me ha llamado la atención lo rápido que la has identificado… ¿Cómo es eso?

– El resto son muñecos -dice con cierta sorna- S0F1A es la única último modelo, el resto… Mire, son muñecos de plástico… Igual engañan a alguien pero… No son tan reales.

– Ya veo -la doctora apunta en su libreta- Todos los demás modelos son muñecos, en efecto… ¿No crees que ella era muy real? ¿Totalmente hum…

– … ¿¡Qué más da!? -corta visiblemente irritado- Verá, no sé qué tiene esto que ver con mi devolución.

– Era sólo curiosidad, ¿Sabes? Es… Bueno, no era un modelo cualquiera, ¿no? Era tu pareja, al fin y al cabo -Julio mira en silencio- En fin, ¿Os llevabais mal?

– El código de seguridad no funcionó.

– El código… -mira confundida a Julio y agacha la cabeza en el cuaderno durante unos segundos- ¿No, funcionó? Eso es raro, ¿No? ¿Pero, ella hizo algo inadecuado?

Julio piensa un par de segundos antes de contestar.

– Era perfecta. Demasiado perfecta.

– ¿Dema… siado…? ¿Es eso? ¿Demasiado perfecta? ¿Es eso posible?

– Lo es -responde secamente.

– Hay una cosa que no entiendo -dice el inspector Jin con cierta sorna- ¿No venden ustedes muñequitas sexuales?

Es una sala de interrogación estándar: una cámara visible, 4 asientos, un espejo y poca luz. En una de las sillas está Jin, en otra a su lado otro agente joven que no pronuncia palabra y, enfrente, una mujer rubia y bien vestida junto un señor mayor y de pelo canoso.

– Nuestras compañeras son mucho más, inspector -habla Miriam Alonso, que aparenta mayor juventud de lo que su ropa, cargo y forma de hablar dejan intuir- No somos una empresa cualquiera. En Eldon no creamos “muñequitas” -marca esa palabra con desprecio- sino compañeras… O compañeros, obviamente. Esencialmente proporcionamos lo que cada cliente concreto necesite. Son mucho más que…

– ¿Juguetitos sexuales? Mire, señorita Alonso, yo no metería ninguna parte de mi cuerpo en un orificio que puede cerrarse con más 80 kg de fuerza, ¿sabes a lo que me refiero, No? -dice esto último al joven subinspector que tiene al lado.

– ¡Mire, inspector! -Miriam contesta con enfado, a lo que el señor del pelo canoso toca el brazo de ésta. Miriam entiende que estaba perdiendo los nervios y trata de calmarse- Perdone, pero no sé qué tiene que ver… Llevamos varios años sin ningún incidente de ese tipo. Y me permito recordarle que se tomaron las medidas oportunas en la empresa y se llegó a un acuerdo con el incidentado.

Jin ríe fuerte mientras repite “incidentado“. Los demás guardan silencio. Jin prosigue.

– Cuénteme, ¿qué tienen de especial sus muñequitas?

– Compañeras -corrige y prosigue, como si nada- son androides realistas. Tienen un aspecto físico parecido al humano y su software les permite realizar miles de actividades. Nuestros clientes son personas distinguidas: hombres, mujeres… Personas con clase -recalca cada palabra- que buscan una compañera, o compañero, perfecto. Igual a usted le vendría bien una…

– No lo creo, las he visto y tampoco son tan reales, mejoran lo que se veía el siglo pasado pero siguen siendo muñecas hinchables -Miriam se encoge de hombros- No me mire con esa cara, ricitos de oro.

– Señor inspector, no le toleraré que se dirija en esos términos a mi clienta -replica el señor de pelo canoso- Le recuerdo que ella está aquí en calidad de informante, no creo que esté acusada de nada, ¿verdad?

Jin ignora al abogado y prosigue

– Diga, ¿qué tienen en la cabeza esos perdedores para follarse a un robot?

– ¡Señor Jin! -añade el abogado y continúa- Los modelos en la Corporación Eldon cumplen a rajatabla la legislación actual.

– Ya, por supuesto. Cualquier ricachón puede pedir un robot con aspecto de niño de 8 años, pero eso no infringe ninguna norma…

– Hacemos tests. Nuestros modelos infantiles no son usados para prácticas sexuales. No me mire con esa cara, usted es el enfermo, son modelos sustitutivos de hijos. El software específico…

– De acuerdo, de acuerdo… ¿Le hicieron un test a Julio Hortaleza? -Jin habla con una radiante sonrisa que contrasta con la cara de fastidio del abogado y Miriam.

– Por descontado -confiesa el abogado.

– ¿Podría ver el informe, si no es molestia? -Jin pregunta con una sonrisa burlona.

– Le hemos traído los informes, le hicimos varios tests -el abogado acerca una carpeta con varias hojas- Les recordamos que sólo le entregamos esto porque tienen una orden judicial ante una investigación abierta. La información privada de nuestros clientes…

Jin le corta con un “bla, bla… Ya lo sé“. Ojea las hojas plagadas de gráficos y se las pasa a su compañero. Jin se queda observando una serie de fotos, aparentemente recreaciones digitales de un androide femenino. La primera foto se centra en la cara de chica de pelo largo moreno con ojos castaños claros; después hay otra que recoge su cuerpo entero, mide 1,64, es complexión delgada; las siguientes van centrándose en los pechos, trasero, muslos…

Jin chasquea la boca y dice en voz baja: “¿Realista?… Bueno… Tampoco tanto…“. El joven policía al lado de Jin le acerca una foto en la que aparecen Julio y una chica posando sonrientes, la chica guarda un claro parecido con la recreación digital de las otras fotos.

– Parece que no tenemos demasiados datos del encargo de tu compañera… ¿Podrías hablarme del proceso?

– Es raro… Es decir, mi familia me regaló el paquete premium… -Julio parece alterado, mira a su alrededor con preocupación.

– Julio, sólo queremos entender qué salió mal -Lidia habla para tranquilizarle- La información que me des es totalmente confidencial. Sólo necesito entenderlo, de verdad, ayúdame y seguro que te sentirás mejor después. Confía en mí.

– Era una mala época para mí. Estaba de duelo, por así decirlo. Una amiga tuvo un accidente y… No lo superó y yo… -Julio deja de hablar, intenta evitar una lágrima.

Lidia toma unos apuntes en la libreta, levanta la vista se percata de del estado de ansiedad y tristeza en Julio. Lanza una mirada al espejo en la habitación, otra a Julio y le dice

– Tranquilo, Julio. Céntrate en el proceso, cuéntame qué pasó.

Julio llega a una oficina muy luminosa. Toda una pared es una cristalera que da al exterior y fuera hace un día radiante. Lo que más llama la atención de la oficina es que hay un sillón rojo del siglo pasado que contrasta con toda la aparente modernidad del entorno.

Una mujer joven, pelirroja y atractiva le saluda con una sonrisa afectuosa.

En la empresa parece que todas las empleadas son atractivas… No sé si son todas humanas, ya no se puede saber con seguridad, ¿no? No recuerdo su nombre pero sí que iba demasiado maquillada.

– ¡Hola, Julio! Soy X, me encargaré de guiarte en todo el proceso de creación de tu compañera. Creo que ya te han dejado tocar los nuevos tejidos para las acompañantes, ¿No? -Julio asiente- Por supuesto son sintéticos, en la Corporación Eldon respetamos los derechos animales. Si me permites, déjame que antes te enseñe uno de nuestros últimos modelos.

Un androide entra en la sala. Es alta, va vestida con lencería y saluda mecánicamente a Julio.

Me enseñó uno de sus modelos y… Reconozco que me defraudó. Parecía falso… Un armatoste inexpresivo. La chica me dijo que una vez que le añadieran los rasgos que yo quería, me atraería mucho más. Así que empezó la personalización.

Julio se sienta en el sillón y la encargada le conecta un casco con un visor y varios receptores a lo largo de su pecho y brazos.

Me pusieron un visor. Servía para que viese cómo iba configurando a S0F14, además de para algunos tests de personalidad. La chica me dijo que el casco tenía miles de sensores y que monitorizaban mis respuestas, tanto las conscientes como las inconscientes. Se aseguraba de que mi compañera fuera perfecta pero…

– El secreto es que no sea perfecta en todo. A ninguno de nosotros nos gusta una pareja que sea absolutamente perfecta, hace falta que tenga pequeñas imperfecciones. Defectos físicos, de personalidad… Por ejemplo, que sea desordenada, que le guste un tipo de música diferente al tuyo… Detallitos.

Al principio decidí cómo sería ella físicamente: su color de piel, pelo… De lo más general a lo más particular. Decidir el aspecto físico de una pareja es más complicado de lo que parece… Así que engañé un poco y me inspiré en un modelo real… En esa amiga. Y ya sé que va en contra de las normas pero, ¿Quién iba a enterarse? La encargada no parecía darse cuenta. ¿Está ella en problemas también?” Lidia niega con la cabeza.

– Ahora vamos a realizar una serie de test para crear la personalidad de tu compañera. Es muy fácil, sólo debes relajarte y contestar a alguna pregunta. Te pido que seas totalmente sincero, no me voy a ruborizar ni a juzgarte. De todas formas, la mayoría de los datos los recogeremos por los sensores, así que ni siquiera tendrás que hablar.

Recuerdo que empezó con una serie de vídeos en los que aparecía el androide haciendo cosas… Cosas normales. Estaba de compras, comiendo o durmiendo. Normales. Pero después ella aparecía en lencería o desnuda y… El vídeo se volvía sexual. A veces hacía cosas que me incomodaban, otras me excitaban. Mientras tanto, la encargada me hacía algunas preguntas.

La pantalla muestra a la acompañante en una fiesta bailando con varios hombres a la vez -“Uno de esos hombres es su amante, ¿Cuál crees que es?“-. La imagen cambia a ella engullendo vorazmente una hamburguesa que se le desmonta y mancha -“Ella es vegetariana pero hoy se come una hamburguesa, ¿por qué lo hace?“- Las imágenes se suceden, algunas están segundos otras no llegan a eso.

El subinspector termina de leer el informe y avisa a Jin, que sonríe y dice:

– ¡Ajá! ¿Me explica qué son estos picos?

– Señor inspector… Las gráficas VK recogen los impulsos y respuestas físicas y somáticas del individuo ante estímulos visuales y auditivos inducidos. No espere que le explique lo intrincado de la ciencia que hay tras esas curvas de nivel que usted llama “picos”.

– Estoy familiarizado con las gráficas VK, y Fernández aquí a mi lado, muchísimo más. No es el primer caso que tenemos con su empresa -Miriam encoge los hombros en posición de hastío- Lo que le pregunto es qué le estabais enseñando en esos picos. ¿Sexo duro? ¿Una pradera solitaria?

– No… No entiendo esa actitud de desprecio. Ahí no está… -El abogado habla al oído de Miriam y añade en voz alta: “mi clienta no conoce el carácter concreto de los clips que se pusieron en esa sesión. Le refiero al informe del experto“.

– Ese informe dice que el individuo tiene muy baja autoestima, no mucha experiencia sexual… Apto, en otras palabras -Jin levanta la vista del informe y mirando a Miriam dice- La experta añade que considera que el cliente quiere sustituir a su novia muerta y que la compañera debe tener instalado el módulo de sexo completo -se gira al abogado y pregunta con sarcasmo- ¿Está informada su clienta de qué incluye ese módulo?

– Mire, si le interesan nuestros modelos pásese por la sede y le damos un catálogo… No sé qué tiene esto que ver con el incidente… No hemos tenido nada que ver.

– Já… ¿Nada? En primer lugar, la experta “considera” que es un remplazo pero ustedes saben que la legislación prohibe realizar cualquier copia o remplazo de un humano sin el consentimiento expreso del mismo o familiares directos -Jin lanza hacia los interrogados la foto de Julio con la chica y las fotos adjuntas del modelo de compañera- Y yo aquí no veo adjuntado ningún consentimiento…

– ¿En serio pretende ir por ahí? -dice el abogado- Sabe perfectamente que aunque se parecen, no hay caso. Para empezar, sabe que la impronta mental es un factor clave: dos seres son distintos si su comportamiento es distinto en la misma situación. Además, ni siquiera tienen el mismo tono de marrón en el color de ojos. Ningún tribunal consideraría que se fuere a infringir la ley de copia humana.

Jin sonríe y, como si no hubiera escuchado nada, añade.

– En segundo lugar, mire, este “pico” -dice con fuerza- indica una respuesta anormal a un acontecimiento normal. ¿No le dice nada?

– Aconsejo a mi clienta que no conteste a su provocación. Ella no es responsable del informe psicológico, ni conoce los detalles del informe.

– Lo pone aquí, ¿sabe? Conocemos su jerga: TR. Eso quiere decir que sabían que el señor Hortaleza no podía estar muy bien de la azotea. Percepción anormal ante una situación normal. ¿Sabe quién tuvo un pico tan parecido?

– ¡Esto no es un incidente Quaid! -contesta Miriam con enfado. El abogado amaga detenerla pero ella le da un manotazo y prosigue- ¡Hacemos androides, no manipulamos la mente! ¡El test no es invasivo, joder! ¡Se recogen datos únicamente! ¡No hay manipulación ni implantación de estímulos nuevos en el sujeto! ¡No le consentiré que nos quiera colar el muerto!

Julio mira de soslayo a Lidia, respira profundamente y resopla.

– Estoy en problemas por eso, ¿Verdad? Copié hasta ese colmillo ligeramente montado que tenía…

Lidia apunta de vez en cuando algún detalle en su cuaderno.

– ¿Por qué crees que estás en problemas?

– Bueno… Eso parece, ¿no? -acompaña las palabras mientras levanta sus manos esposadas y mira a su alrededor- A ver, siento haber… Siento los desperfectos en el S0F14. No funcionó el código y traté de desconectarla. Es más complicado de lo que creía… Y sé que he infringido la ley copiando a una fallecida. De verdad que lo siento.

– Julio, ¿Estás seguro de que estás en problemas por eso? -él mira al suelo y Lidia levanta el tono en su voz- ¿Acaso estarías det…? -Lidia se calma y cambia de tema- Perdona, háblame de cómo era la convivencia con ella. ¿Erais felices?

– Al principio lo era, fue como un regalo. Era, literalmente, la compañera perfecta -su semblante se entristece- No aguantaba más la mentira, me sentía miserable a su lado. Igual al principio fui feliz por su defecto…

– ¿Defecto?

– No andaba bien del todo… Cojeaba un poco. Al parecer la impronta mental falló y afectó a su forma de andar. Por lo demás parecía bien… Perfecta -añade con cierto hastío.

– ¿La impronta… falló? Pero… -La doctora parece desconcertada.

– Ella… Es decir, S0F14… -Julio se muestra perdido en sus pensamientos, pero se recupera y prosigue- El software es delicado y complejo, lo sé porque hice un máster en robótica -añade- pero… Yo avisaría a los clientes de que puede llevar tiempo hasta que una compañera está totalmente operativa.

– ¿Cuánto tardó? -pregunta Lidia mientras que apunta en la libreta los datos.

– Uhm… Unos días… O unos meses, no recuerdo bien -Lidia mira con tristeza a Julio- Ya le dije que estaba de duelo y era una época complicada, pero realmente disfruté esos meses. Era… Era casi real, preciosa -sus ojos dejan entrever unas lágrimas incipientes que se enjuga con la manga de la camisa- Nunca anduvo perfectamente pero eso la hizo menos… -sonríe- perfecta.

La doctora vuelve a mirar al espejo y levanta las cejas como esbozando una disculpa hacia su reflejo. Julio sigue hablando.

– … Hizo más evidente que ella era un androide. Al principio actuaba más… -“¿Humana?” añade la doctora- Sí, humana. Incluso demasiado… Me hablaba de sus padres, de casarnos… Me asusté, ¿No es pasarse hacer que un robot hable de sus padres?

– En mi época, Eldon sólo hacía robots trabajadores, nada demasiado humano, pero de pequeña me asustaban esas máquinas. Ahora mismo es ilegal añadir recuerdos a los androides y todos los androides saben que son androides, ¿lo entiendes, no?

Julio  se muestra visiblemente incómodo y grita con desesperación: “¡El modelo S0F14 quiso vivir conmigo! ¡No es realista!

– ¿Por qué no es realista, Julio? Muchas parejas humanas se mudan juntos. Es lo que hacen las parejas.

Lo primero que notó Julio al abrir la puerta del apartamento fue el olor a la salsa de carne que solía preparar Sofía. “Qué raro, pero si hoy me tocaba a mí preparar la cena“. Deja las llaves en el cuenco al lado de la entrada, se quita los zapatos y se pone las zapatillas. Avanza al salón para decir en alto:

– Pero, Sofía, ¿no me tocaba a mí hacer la cena hoy?

Sofía está en la cocina, se da la vuelta, sonríe y le guiña un ojo a Julio.

– No me importa, friega tú los platos y en paz, ¿vale?

Julio no contesta, se sienta en el sofá pensando en que eso está mal. “Hoy me tocaba a mí, es demasiado buena conmigo. Una mujer real no lo haría“. Sofía sale de la cocina, lleva un delantal rojo, lleva el pelo recogido por una coleta y una pequeña mancha de harina en la barbilla. Instintivamente, Julio le limpia con la mano la mancha. Sofía sonríe.

– Esta vez la pasta fresca me ha salido bien -“Encima, haciendo pasta fresca” piensa él- ¿Estás bien, Julio? Te veo como cansado…

– Sí, perdona, ha sido un día raro en la oficina. He tenido que revisar el informe de Manuel y era un desastre.

– ¡Jo, pobre! -se acerca e intenta darle un beso en la boca que acaba siendo en la mejilla porque él se aparta un poco. Ella lo nota y le da la mano mientras le sonríe- Yo he salido antes, por eso me he animado con la cena.

– ¿Antes? -“Si no trabajas, no puedes ser humana“- ¿Qué ha pasado?

– Teresa, quiere que le haga su turno el Miércoles que viene y hoy ella me ha hecho unas horas y mañana otras. ¿Si quieres podemos aprovechar e ir al cine mañana?

– ¿Mañana?

– Ponen la primera película de ‘Star Trek’ -dice con una sonrisa radiante que deja entrever su colmillo montado-.

Julio guarda silencio. No lo entiende.

– Sofía, pero… Tiene más de cien años y…

– Pero estrenan una nueva película en verano, ¿no? ¿No te apetece ver la primera en cine? Es celuloide, incluso -Ella se acerca y baja el tono de voz- Julio, sé que últimamente estás muy agobiado, quiero que la veamos juntos y te relajes.

Julio mira con sorpresa a Sofía. Su ceño se frunce y los ojos se llenan de lágrimas.

– Cirro, Sócrates, partícula, decibelio, huracán, delfín, tulipán -repite Julio una y otra vez.

– ¿Qué dices? ¿¡Julio!? -Sofía intenta abrazar a Julio que repite como un poseso las siete palabras, “Cirro, Sócrates, partícula, decibelio, huracán, delfín, tulipán“, pero él se zafa constantemente.

La mirada fija de Julio aterra a Sofía, que teme que esté teniendo algún tipo de ictus, no tarda mucho hasta que ella también empieza a llorar mientras grita “¿¡Qué te pasa!?” a Julio.

El abogado intenta recuperar el control de la situación poniéndose de pié y tomando la palabra.

– Hasta aquí ha llegado nuestra colaboración, inspector. No consentiremos que nos haga perder más el tiempo y nos insulte con sus acusaciones infundadas. Mi clienta tiene una empresa que dirigir.

– Hay un cadaver -Jin sonríe y habla con una calma inusitada-. Creo que eso es más importante que su tiempo. Además, tampoco tendrán muchos clientes hoy, ¿no le parece?

– Un cadáver que ni nos va ni nos viene -contesta secamente el abogado-. El informe lo detalla aunque, obviamente, ya lo sabía antes de pedir nuestra colaboración -“Que ha despreciado“, añade Miriam- ¿En qué nos afecta si una persona ha matado a otra? No ha sido una de nuestras máquinas la asesina. No podrían serlo.

– Contexto, señorita y caballero. Además, no se laven las manos tan rápido, ustedes tienen responsabilidad civil. Sus pruebas, su estudio… Todo indicaba que el señor Hortaleza era peligroso y no dieron ningún aviso.

– Inspector, espere una denuncia por acoso, creo que no sería la primera, ¿no? -ahora es el abogado el que sonríe-. Mi clienta lamenta la muerte de una civil, pero no es responsabilidad de la empresa, el señor Hortaleza no llegó a encargar el modelo al final. Su paso por la empresa es tan relevante como su paso por la panadería de la esquina. No tiene base contra mi clienta y damos por concluida la visita. Tenga buenas noches.

El inspector Jin está sentado en un sillón en lo que parece una casa particular. El salón es grande y sobre la mesita hay dos tazas humeantes de café que ninguno de los implicados tocan.

– Hábleme de su hija, señor González -dice el inspector- Tuvo un accidente hace… -comprueba el móvil- tres años, ¿verdad?

– Sí -contesta escuetamente el señor mayor, de setenta años y pelo escaso.

– ¿Estuvo muy grave?

– Mucho, creíamos que… Bueno, ya sabe… Los médicos dijeron que no había esperanza pero a los tres meses ocurrió el milagro y despertó -dice con una sonrisa que dura un pequeño instante antes de volver la tristeza a su semblante- No sé qué interés puede tener ahora aquél accidente…

– El contexto es vital para la investigación. Aún no tenemos del todo clara la cronología de lo sucedido…

– Deberían preguntarle a Julio, él seguro que recuerda las fechas exactas…

– Descuide, la psicóloga está interrogándolo mientras hablamos, ¿Cuánto le conoce?

– Es prácticamente mi yerno… Bueno, no están… -el señor González guarda un segundo de silencio y prosigue- estaban casados pero desde el accidente estuvo viniendo al hospital muchos días y nos hacía compañía a mi mujer y a mí… Incluso mientras Sofi estuvo en coma.

– ¿Se llevaban mal?

– ¿Sofi y Julio? No diga tonterías, se querían, venían a comer con nosotros… No últimamente pero…

– ¿Qué pasó para que no vinieran más? -Pregunta cortante Jin.

– … Estaban ocupados, ya sabe cómo son los jóvenes… Ella venía a veces sola.

– ¿Cree que es posible que él no quisiera que ella viniese y lo hiciera a escondidas?

– … No entiendo -dice con preocupación- Qué tiene que ver con la muerte de mi pequeña -dice con voz monótona y sin entonación.

– Señor González, todo indica que Julio Hortaleza ha matado a su hija -el padre de Sofía mira con desconcierto al inspector- Sé que es duro escucharlo pero mi trabajo es esclarecer lo ocurrido con su hija y evitar que se repita. ¿Se le ocurre algo que pudiera indicarnos por qué ha ocurrido esto?

– … No… ¿¡Cómo que Julio…!? Es un error… -las lágrimas empiezan a asomar por la cara del padre de Sofía- Ella no nos dijo nada… ¿Cómo…? ¿¡Por qué miente!? -él empieza a golpear al inspector Jin, sin casi fuerzas, pero con mucha rabia- ¡Se querían! ¡Se querían! -repite una y otra vez.

– He estado viviendo una mentira, una fantasía. Un androide no ama, sigue las pautas de su programación. Esta tarde fue demasiado -una lágrima le resbala por la mejilla y Lidia acerca su mano para tocar la de Julio, pero él la aparta-. No deberían hacer que griten -dice con voz monótona y distante- Es… Vale que no es normal desmontar un androide pero… ¿Qué ganan haciendo que grite? Ha sido… Horrible -traga saliva- El código no funcionó. No funcionó. Me agarraba y me preguntaba si estaba bien…

– Yo… -Lidia mira confusa, deja el bloc de notas, se levanta y se pone a su lado. Por primera vez en su carrera y colaboración con la policía, a la doctora no se le ocurre qué decir. No obstante, retoma la palabra porque sabe Julio tiene que hablar hasta que su mente acepte lo ocurrido- ¿El código te dice algo, Julio?

– ¿Qué? ¿No debería saberlo usted?

– No es mi especialidad, Julio -Lidia le mira con una profunda pena mientras piensa “En tu mente la única explicación debía ser que fuese un robot“- No soy doctora en robótica, no estamos en Eldon.

– La secuencia no tiene significado. Sólo si se dicen seguidas sirven para desactivar la unidad… Debieron funcionar, se supone que no deberían gritar, ¿no? -las lágrimas son cada vez más numerosas-.

La doctora mira una última vez al cristal y esboza una disculpa con los ojos por lo que está a punto de hacer.

– Es un fallo de diseño, te entiendo Julio -unas lágrima asoman en los ojos de la doctora también- Debió ser…

– Quise parar. Pero seguía haciendo ruido. No callaba, hacía… Tuve que desmontarla entera y… ¿No es retorcido llenar el cuerpo del robot de líquido? ¿¡Rojo!?

– Cambiaran el diseño en Eldon, Julio, de verdad -entre lágrimas añade- La queja está clara.

– ¿¡Tenía que gritar!? ¿Acaso le dolía? No, ¿Verdad? No tienen terminaciones nerviosas… ¿no? No lo pasó mal de verdad, ¿No?

– No… -la doctora mide sus palabras y tras unos segundos de silencio prosigue- No sufrió, un androide no sufre. Es un fallo de diseño. Sólo eso.

Créditos

Philbert (de ‘Philip K Dick’s Electric Dreams: Kill All Others’)
Escrita por Bear McCreary
La-La Land Records

Gun (de ‘In the Mood for Love’)
Escrita por Michael Galasso
Virgin Music

Thesaurus Tuus (de ‘A Ghost Story’)
Escrita por Daniel Hart
Milan Records

A Woman Alone (de ‘Hostiles’)
Escrita por Max Richter
StudioRichter (con licencia exclusiva de Deutsche Grammophon)