El último blockbuster2018-04-28T15:58:56+00:00

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El último blockbuster

Historia de unos fracasados

Escrito por Dr.Tenma | 15/04/2018

La sociedad actual tiene una especial fascinación con la década de los 80 del pasado siglo XX. Esta fascinación es palpable en el cine y las series. En el último lustro hemos visto regresar a los cines las sagas de Star Wars, ‘Los Cazafantasmas’, ‘Blade Runner’, ‘Alien’ y ‘Mad Max’.

Se podría caracterizar el cine de entretenimiento de los 80 por su falta de pretensiones. ‘Indiana Jones’, ‘Los Goonies’, ‘Los Cazafantasmas’, ‘Regreso al futuro’ -y más películas- parten de premisas directas y simples: encontrar una reliquia, salvar un barrio, cazar fantasmas y viajar al pasado. Ninguna de estas películas otorga una excesiva importancia a su contexto, y por ello no hay una revelación superior ante la existencia de fantasmas en ‘Los Cazafantasmas’: simplemente los fantasmas existen, hay tíos que los atrapan y el departamento de medio ambiente sólo está preocupado porque esos cazadores tienen un generador nuclear en el centro de Nueva York -ningún “villano” en el cine puede ser más razonable que eso.

Más aún, estas películas suelen tratar asuntos a pequeña escala. Por ejemplo, Marty McFly no debe salvar el planeta de las paradojas temporales sino a sí mismo consiguiendo que sus padres sigan enamorándose. Incluso ‘Star Wars’, pese a tratar el destino de la Galaxia, está centrada en cómo la lucha afecta a un granjero de humedad de un planeta perdido. En los 80 el espectador tampoco necesitaba contextos, la historia funciona en ese universo con sus propias reglas. No se necesita saber cómo Emmet “Doc” Brown y Marty se conocen en ‘Regreso al Futuro’, ni tampoco explicar el origen de los mogwai en ‘Gremlins’ o el porqué de sus normas de convivencia. Lo que importa es lo que pasa después.

En el cine del siglo XXI esta falta de gravedad se ha perdido. Los personajes deben tener trasfondos más complejos y hay que explicar los orígenes de las historias. En definitiva, el espectador tiene que saber que los personajes importan, que van en serio y que hay consecuencias terribles si su misión no sale bien. El reboot ‘Cazafantasmas’ sigue este esquema. De repente el logo, la ropa y la oficina son importantes. Todo es importante, de hecho, no puede ser que una persona vea un fantasma y se alegre por ese hecho, debe alegrarse porque durante toda su vida ha sido discriminada por creer en algo diferente.

Posiblemente la principal diferencia entre el cine de los 80 y de los 2010 es la manera en que las películas afrontan sus tramas, la estructura, esencialmente. El presente artículo analiza la estructura de ‘Los Últimos Jedi’, aunque para ello, conviene empezar analizando la estructura de la saga completa.

Las paradojas temporales representadas con una foto familiar.

La crítica más generalizada a ‘El Despertar de la Fuerza’ fue su parecido con ‘Una Nueva Esperanza’, lo que lleva a preguntarse si acaso la crítica era razonable o, dicho de otro modo, ¿El Episodio VII podría no haberse parecido al Episodio IV? Y, en efecto, podría: podría haber sido parecida a ‘El Retorno del Jedi’.

Volvamos una vez más a 1999, ‘La Amenaza Fantasma’ comienza con un crucero que pide permiso para acceder a una nave de la Federación de Comercio^1. Esta escena no tiene el ritmo ni la intensidad del inicio de ‘Star Wars’, porque está sacada del inicio de ‘El Retorno del Jedi’. Vistas en paralelo, los planos casi coinciden, eso sí, unos son una imagen especular de los otros. En el Episodio VI, es una nave imperial la que pide permiso, en el Episodio I es una nave republicana. En el Episodio VI la pantalla se llena del gris de una construcción mecánica como lo es la Segunda Estrella de la Muerte; en el Episodio I, en cambio, es Naboo -un planeta azul- el que llena la imagen. El imperio contra la república, la tecnología contra naturaleza.

El Episodio VII comienza con un destructor estelar de la Primera Orden tapando el planeta Jakku. Nos muestra la escala de la nave, la misma idea que llevaba al Episodio IV a iniciarse con un plano secuencia para que comprobásemos como el Tantive IV era muchísimo más pequeño que un Destructor Estelar Imperial^2.

Las precuelas están llenas de referencias a la trilogía original en correspondencia inversa -Episodio I con el VI, el II con el V y el III con el IV- y la nueva trilogía, por ahora, está en correspondencia directa con la trilogía original. Esto no es casual. Desde luego George Lucas sabía lo que copiaba en las precuelas y quiero creer que JJ. Abrams y Rian Johnson, también.

Comparativa del inicio del Episodio I (arriba) y el Episodio VI (debajo). Nótese cómo incluso los planos están invertidos: izquierda-derecha, arriba-abajo.

‘La Amenaza Fantasma’ no sólo empieza como ‘El Retorno del Jedi’, sino que acaba igual. La batalla en Naboo a 3 bandas -batalla espacial, lucha de sables de luz y batalla en tierra por indígenas alejados de la tecnología pero con espíritu noble- sigue el patrón de la batalla en la Luna de Endor. Y no sólo eso, la carrera de vainas recuerda a la persecución en speeders por Endor, el encuentro entre Qui-Gon y el Jefe Nass es esencialmente el encuentro de Luke y Jabba, y el jolgorio final dista poco en ambos casos, incluyendo la incineración de un Jedi caído.

Del mismo modo, ‘La Venganza de los Sith’ empieza con un traveling sobre un destructor republicano y su escala en comparación con los cazas Jedi, incluye la construcción de la Estrella de la Muerte y, sobre todo, termina con un plano de Lars Owen mirando la puesta de sol binaria, en clara alusión a ‘Una Nueva Esperanza’ -aunque no sea la escena final, sí ha sido la más significativa de la película. ‘El Ataque de los Clones’ sí termina con un plano que es la imagen especular del último de ‘El Imperio Contraataca’. Antes nos ha contado una persecución aunque desde el punto de vista del perseguidor -Obi-Wan- y no del perseguido -Jango Fett.

Se podría escribir un libro únicamente analizando los finales de la saga. El de ‘La Amenaza Fantasma’ refleja tanto el final de ‘Star Wars’ como el de ‘El Retorno del Jedi’, pero además John Williams convierte un final genuinamente alegre en una profecía oscura. La condecoración final en ‘Star Wars’ está acompañada por una versión militarista del tema de la Fuerza -o, como era conocido entonces, el tema de Obi-Wan- que viene a enfatizar cómo la Alianza Rebelde ha pasado a ser una potencia bélica. En cambio, ‘El Retorno del Jedi’ tiene tanto un canto alegre y tribal -en su versión original de 1983- como un coro solemne -en su versión “definitiva” de 1997- para crear la atmósfera de triunfo y cierre de la saga. En la ‘La Amenaza Fantasma’ Williams versiona el tema del Emperador -o del lado oscuro. De nuevo, la misma idea -la fuerza no está en total equilibrio- y sólo cambia el punto de vista -en ‘Star Wars’ es el bien el que triunfa, en ‘La Amenaza Fantasma’ es el lado oscuro el que está triunfando.

A este tipo de estructura se la conoce como ‘estructura en anillo’ y no es muy distinta a la estructura de un poema en el que las estrofas riman entre sí siguiendo un patrón determinado.

La melodía del final de ‘La Amenaza Fantasma’ es el tema de Palpatine en clave mayor.

Las referencias en la nueva trilogía se distancian en varios elementos clave, siendo el principal el desarrollo de personajes. Evidentemente, Anakin y Rey son trasuntos de Luke, la Primera Orden es un nuevo Imperio y Han -en el Episodio VII- y Luke -en el VIII- son una mezcla entre ellos mismos y Obi-Wan. Realmente, muchos de estos puntos en común entre Episodios en Star Wars se deben a que su estructura sigue la del monomito o viaje del héroe, término que acuñó Joseph Campbell para referirse a la estructura de (casi) todos los relatos épicos. Por ello los actos de Anakin, Luke y Rey tienen tantas similitudes, son los héroes^3 cuyo viaje se relata en cada trilogía.

El monomito se divide en tres capítulos. El primero, lleva al héroe a recibir “la llamada a la aventura” y termina cuando el héroe está “dentro de la ballena”, es decir, en total predisposición para sufrir la metamorfosis para ser un héroe. En el caso de Rey, la aventura se presenta en forma de BB-8 que ella misma propone ayudar e, incluso, llevarlo con la Resistencia. No obstante, rechaza esta llamada en Takodana, al sentir la Fuerza y el poder que trae consigo; y no será hasta su lucha final contra Kylo Ren cuando la acepta^4.

La principal diferencia entre Rey y Luke o Anakin, es que ella es independiente y mueve la trama de su película. Tanto Luke como Anakin aceptan sus llamadas a la aventura con ayuda -necesitan el permiso de alguien-, mientras que Rey la acepta por sí sola, del mismo modo que la rechaza por ella misma.

Ben Solo/Kylo Ren es otro personaje muy distinto a Darth Vader o Anakin. Coge de ambos, como bien se ve en el Episodio VII. Al inicio, Kylo Ren es un ser poderoso y amenazador. Su estética -máscara y capucha- le asemeja a un Sith y su poder -detener un disparo de blaster, por ejemplo- parece incuestionable. Pero según avanza la película, Kylo es menos Vader y más Anakin. Es más Ben Solo -hijo de Leia y Han- y menos Kylo Ren. La diferencia es que Anakin era un personaje más convencional. Lucas siguió la máxima cristiana de que el hombre es bueno pero se encuentra tentaciones a lo largo del camino. Ben, en cambio, es lo contrario. Ben no se siente tentado por el Lado Oscuro, sino por la Luz -como le confiesa a su abuelo “perdóname, la siento de nuevo. La llamada de la Luz”. Cuando ‘El Despertar de la Fuerza’ llega a su fin, la imagen de Kylo Ren es totalmente distinta. Sin máscara, no impone -de ahí que la use- y demuestra que aún es un joven asustadizo incapaz de controlar la Fuerza.

La segunda parte del viaje del héroe se llama “la iniciación”. El héroe debe aprender a ser esa persona que está destinado a ser. Luke, Anakin y Rey han demostrado en el anterior episodio tener madera de héroes, pero ninguno ha explotado su potencial. En este segundo trayecto del viaje, éste se tendrá que enfrentar a distintas pruebas y tentaciones, para acabar obteniendo ese don buscado. Básicamente es el momento en el que un relato desheroifica al protagonista.

David W. Collins en el primer episodio de su podcast ‘The Soundtrack Podcast’ explica cómo la melodía del tema principal de Star Wars sigue la estructura el monomito.

El Episodio VII resulta parecido al Episodio IV también porque mantiene la estructura clásica de no desvelar más contexto del necesario. A mitad de película la Primera Orden destruye el nuevo senado galáctico y ya está. Literalmente: ya está. No hay (sobre)explicaciones de en qué planeta estaban, ni si estaban en medio de una votación importante, porque la película no va de la Galaxia, sino de Rey. A Rey no le importa la República como a Luke no le importaba. La evaporación de la República tiene tanta importancia como la desmantelación del Senado en la trilogía original. Es un vestigio de un pasado que no conocen los protagonistas.

Del mismo modo que en la trilogía original del Emperador no se conocía ni su apellido. De Palpatine -de nombre Sheev, al parecer, dato que sólo aparece en novelas- no interesa su origen, ni sus motivaciones siquiera. Las precuelas vinieron a añadir cierta historia al personaje pero nada más allá de saberse que fue Senador y Canciller de la República.

Por otro lado, la estructura de ‘Los Últimos Jedi’^5 reverbera con la de ‘El Imperio Contraataca’ mucho más estrechamente que ‘El Ataque de los Clones’. De nuevo estamos ante una persecución, de nuevo aprendemos sobre la Fuerza, de nuevo se revela el linaje del protagonista y de nuevo la película transmite la sensación de que el Lado Oscuro domina la Galaxia. Además, la obra de Johnson rima con ‘El Retorno de Jedi’, y no sólo en todo lo relacionado con Snoke sino en la propia esencia del regreso de Luke como Jedi, y hasta el tono de la obra. De hecho la última entrega de Star Wars usa el mismo lenguaje de la trilogía original para crear en vínculo del espectador con la obra.

‘Una Nueva Esperanza’ y ‘El Despertar de la Fuerza’ empiezan con el mismo concepto visual.

Una obra puede limitarse a mostrar una serie de eventos siguiendo un orden más o menos secuencial, o añadir un contexto emocional que haga al espectador empatizar. En ‘El Imperio Contraataca’, si nos quedamos únicamente con los hechos, el Imperio Galáctico es vencido de nuevo. Ni siquiera existe ese contraataque prometido: la batalla de Hoth se salda con la huída de los rebeldes -y no demasiadas bajas- y Luke no es atraído al lado oscuro. La única victoria imperial es dejar fuera de combate a Han Solo -quién, de hecho, tenía ya pensado dejar la Alianza Rebelde.

En cambio la sensación del espectador es muy distinta. El Imperio es omnipresente, irreductible y los héroes están en todo momento al borde del abismo. Esta sensación se consigue empapando al espectador de la atmósfera buscada. Es la razón del Episodio V para dedicar tiempo en la persecución al Halcón Milenario; como es el motivo por el que Han y Leia tienen un romance: que Han acabe atrapado en carbonita tiene que importar a los personajes. ‘El Imperio Contraataca’ es una derrota egoísta de la Rebelión. Egoísta porque los eventos que ocurren sólo importa a unos pocos. Sólo a Luke le afecta que Vader sea su padre, y sólo a Leia y Chewbacca les afecta la pérdida de Han. El espectador, en cambio, está con los protagonistas. Le da igual que Dak muera en la Batalla de Hoth, le preocupa que Han no regrese nunca.

En ‘El Ataque de los Clones’ no existe esta sensación. La película es esencialmente oscura en cuanto a su temática -los Jedi y la república sucumben al horror de la guerra y Anakin sucumbe a la venganza- pero el tono no transmite esa misma impresión. La película dedica tiempo a la relación de Anakin y Padmé pero esta relación no resulta relevante aún para la trama de la saga. Sí, es necesaria, y sí son los primeros pasos de Anakin en el lado oscuro; pero no hay ningún impacto en la conciencia de los personajes, como no la hay en la del espectador. Ni siquiera la supuesta revelación de que el Conde Dooku es el Sith Darth Tyrannus resulta relevante.

En ‘Los Últimos Jedi’ la derrota de la Resistencia es global y, en cambio, hay una victoria egoísta. La Resistencia acaba reducida a la mínima expresión -toda ella cabe en el Halcón Milenario- y la Primera Orden tiene una victoria incontestable. Pese a todo, el final es una nota optimista recordándonos que la Fuerza es más grande que un sólo Jedi y que los héroes, aquellos que nos importan, siguen en pié.

En el Episodio II, esta escena es una mera referencia a ‘El Imperio Contraataca’ en la que se supone que Dooku intenta convencer a Obi-Wan de que, de seguir vivo, Qui-Gon sería un aliado separatista.

Star Wars siempre se ha situado en un período de guerra civil. Este contexto es una mera excusa para que un grupo de héroes luchen contra el poder establecido, pero muy pocas veces se le ha otorgado peso dramático al contexto. Comentábamos antes que el final de ‘Star Wars’ era una condecoración militar. No es una fiesta distendida, sino una ceremonia ordenada. Han, Luke y Leia van ascendiendo de graduación militar a lo largo de la trilogía original y los Jedi son Generales durante las Guerras Clon. Hay ejércitos, civiles, muertes, héroes, traidores…

‘Los Últimos Jedi’ vuelve a recordarnos que la Galaxia está en guerra de un modo mucho más explícito. No sólo en Cast Bight o por medio de DJ^6 -que enseña a Finn que del mismo modo que la Primer Orden necesita armas, también la Resistencia- sino con los personajes de Leia, Holdo y Poe. Poe es degradado por ignorar las órdenes directas de Leia y Holdo prefiere mantener la cadena de mando dejando a Poe Dameron en el desconocimiento y la preocupación.

Evidentemente una sencilla explicación de Holdo a Poe no sólo no hubiera dañado a la Resistencia, sino que hubiera simplificado la situación, pero también es cierto que los ejércitos funcionan así^7. Los soldados no suelen conocer los planes de una batalla o la situación real de la misma. Por ejemplo, Rose desconoce que la Primera Orden puede rastrear naves a través del hiperespacio y, salvo Poe y un grupito de pilotos, ningún otro miembro de la Resistencia parece preocupado o incluso consciente de lo que pasa en la Raddus cuando Holdo ordena la evacuación.

En el Episodio VIII se nos enseña una cara de la guerra que no se había visto. Si en ‘Star Wars’ Obi-Wan consideraba que Mos Eisley representaba la mayor escoria y villanía de la galaxia, ahora Rose considera que lo peor de la galaxia son los millonarios que se enriquecen con la guerra. Lo más cercano en la saga a este tipo de tratamiento de la guerra está en ‘El Retorno del Jedi’ con ese Ewok caído que su compañero intenta levantar y el exterminio de los Jedi en ‘La Venganza de los Sith’.

El final del Episodio IV muestra a la Alianza Rebelde como una organización militar. En cambio el final de ‘El Retorno del Jedi’, en 1983, muestra a los rebeldes en una celebración distendida.

Mark Hamil dijo que estaba esencialmente en contra de todas las decisiones que había tomado Rian Johnson con el personaje de Luke… Y muchos fans han considerado lo mismo. Luke no es el mismo personaje que fue. Mientras que Han y Leia sufrieron una involución -Han vuelve a ser un contrabandista y Leia vuelve a la política- Luke ha evolucionado. La esencia de ‘El Despertar de la Fuerza’ es cómo la transformación de Ben Solo en Kylo Ren ha destrozado al terceto protagonista de la trilogía original, y este dolor es mucho más claro en Luke.

La coherencia narrativa está en que para que Luke, el héroe de ‘El Retorno del Jedi’ que hizo lo que ningún Jedi creyó posible nunca, se exilie es necesario que le ocurriese algo especialmente grave. No es sólo la decepción por cometer los mismos errores que Obi-Wan o Yoda, sino la decepción por saberse incapaz de enmendar sus errores. Luke no es sólo el principal responsable del nacimiento de Kylo Ren -y, con ello, principal responsable en la supremacía de la Primera Orden- sino que está arrepentido de ello, algo que ni Obi-Wan ni Yoda sintieron. Luke se ve derrotado e incapaz de superar el peso de su leyenda.

Pero más importante es la respuesta de Johnson sobre el origen de Rey. Los fans, en su deseo de rizar el anillo de Lucas, mantenían sus esperanzas en una Rey Skywalker^8. Pese a la indudable belleza poética de esta idea, reconozcamos que de ser cierta estaríamos ante un acto ridículo por parte de Luke o Leia. ¿Por qué abandonarla como hicieron con ellos? Tampoco cuadraba la teoría de Rey Kenobi, básicamente porque tendría que ser nieta de Obi-Wan, por lo que habría que añadir una nueva estirpe de Kenobis que, de nuevo, por lo que sea, pensaron que era buena idea abandonar a su hija en el vertedero de Jakku.

Costaría creer que JJ. Abrams y Lawrence Kasdan no hubieran dejado al menos una página con alguna idea para Rian Johnson sobre el guión de ‘Los Últimos Jedi’, más que nada porque la explicación de Rey “don nadie” es no sólo la única explicación sensata al origen de la heroína, sino el clásico giro de JJ. Abrams: crear interés por algo irrelevante una vez que se conoce la respuesta. Al fin y al cabo, como decíamos, este episodio no va tanto de contar una historia sino de hacer que el espectador entienda la historia. Para Rey la identidad de sus padres es importante -al fin y al cabo ha sido abandonada y vendida por ellos- y por lo tanto, también deberían serlo para el espectador.

‘Los Últimos Jedi’ muestran a un Luke hundido esperando su muerte y, con ella, la de la Orden Jedi.

El momento clave en ‘Los Últimos Jedi’ es la escena del trono y todo lo que pasa alrededor. Rey ha ido al encuentro de Ben Solo al Supremacía -la nave comandante de Snoke. Rey, está convencida de que Ben no la entregará a Snoke y que volverá al lado luminoso. Ben, está convencido de que ella se aliará con él y que será Rey la que vaya al lado oscuro. Mientras, Snoke, impasible y seguro de sí mismo está convencido de que hallará el paradero de Luke y, llegado el momento, que Ben matará a Rey.

Star Wars ha coqueteado desde 1980 con las predicciones del futuro gracias a la fuerza. Luke cree que sus amigos morirán si no los rescata de Vespin y Yoda afirma que el futuro está en constante movimiento -que se podría resumir con un alzamiento de hombros y un “¡A saber!”. Por otro lado, Anakin cae en el lado oscuro para evitar la muerte de Padmé, muerte que él provoca con su caída en el reverso tenebroso de la fuerza^9. En el ‘Episodio VII’, Rey soñaba con una isla en mitad de un océano y la película terminaba con ella en la isla Ach-To, en la que Luke se ha exiliado.

Las visiones de Rey y Ben en el Episodio VIII parecen contradictorias, que sólo uno de ellos tendrá razón, y nada más lejos de la realidad. Ambos han visto el futuro, eso sí, cada uno desde su punto de vista. Por separado llegan a conclusiones falsas, en común la película nos acaba de explicar lo que pasará: Ben odia más a Snoke que a Rey, Rey quiere creer en Ben, Snoke -como Palpatine- está tan seguro de sí mismo que no se plantea fracasar. Es más, Snoke sabe que Ben va a matarlo, pero no es consciente de ello: “y ahora enciende su sable de luz para acabar con su verdadero enemigo”. La clave es la palabra verdadero.

En unos 5 minutos Star Wars se redefine manteniendo su esencia. Los trasuntos de los personajes clásicos, esas copias, se revelan para tomar sus rumbos. Snoke actúa como Palpatine, pero Ben no es Anakin y está cansado de que Snoke le trate como a un niño asustadizo. Rey no es Luke -nunca lo fue-, no tiene un vínculo afectivo con Ben, siente sus dudas, quiere que le ayude a terminar con la Primera Orden pero, en sus palabras, parece haber más pragmatismo que fe.

Snoke y su sala del trono se relaciona con ‘El Retorno del Jedi’.

En los blockbusters no estamos acostumbrados a que la trama se centre en el fracaso. ‘Los Últimos Jedi’ habla abiertamente de la caída de los Jedi y sustenta gran parte de su metraje a crear la ilusión de que los héroes saldrán victoriosos. Canto Bight es un paso necesario para que la ilusión de victoria de la Resistencia siga viva. El plan es ridículo, pero no más que el de cualquiera de las anteriores películas. La novedad está en la resolución y cómo este fracaso no es anecdótico, sino determinante.

Leia fracasa como líder y, en el momento clave, descubre que la Resistencia está sola en la Galaxia: a nadie más le importa luchar contra la Primera Orden y el nuevo régimen establecido. Pero, hay más, los errores de los protagonistas tienen consecuencias en formas de muertes en sus propias filas y aunque per sé no sea una novedad en el cine, sí es una sorpresa en este tipo de cine palomitero. Especialmente, teniendo en cuenta que Poe evoluciona en pantalla sin que esos actos sean forzados, simplemente son la consecuencia directa de todos sus errores.

Empezábamos hablando del cine de los 80 como referencia. La secuencia de Canto Bight es posiblemente lo más cercano al cine de los 80 que ha aparecido en una película de Star Wars desde ‘El Retorno del Jedi’. Es su iconografía y su música^10. Pero principalmente porque Rose no es tanto un personaje de Star Wars como de ‘Indiana Jones’ o ‘Los Goonies’. Su personalidad no es muy distinta de la de Tapón en ‘Indiana Jones y el Templo Maldito’ -disfrutando de los pequeños momentos y como escolta de otro personaje- y su tema podría haber aparecido en aquella película perfectamente.

Durante la persecución en Canto Bight -nada más comenzar el audio- se incluye una versión a piano del tema principal de ‘El Largo Adiós’ (1973), compuesto por John Williams y Johnny Mercer, y cuyo guionista fue Leigh Brackett, co-guionista de ‘El Imperio Contraataca’. A partir del 0:32 se escucha el tema de Rose en un arreglo que aparca la inocencia de sus primeras apariciones para centrarse en su espíritu aventurero.

Star Wars lleva un camino de ida y vuelta. La trilogía original definió la esencia del cine de los 80; mientras que las precuelas hicieron lo propio con la tendencia del siglo XXI a explicar los orígenes de las historias que ya conocíamos -pese a que su corte cinematográfico pretendiese mantener la esencia de aquella época inicial. La nueva trilogía, al menos por ahora, evita las explicaciones innecesarias y abraza el entretenimiento sin concesiones, manteniendo así la estructura del cine de los 80 mucho más fielmente que intentos nostálgicos actuales….

Notas

1. Que, a quien le interese, se llama Saak’ak (El Benefactor en el idioma básico).

2. Es más, según uno de los primeros conceptos de JJ. Abrams, el inicio de ‘El Despertar de la Fuerza’ hubiera sido mucho más similar al de ‘Star Wars’: unos remolcadores llevaban un Destructor Imperial al desguace de Jakku.

3. Aunque como se irá viendo en las precuelas, Anakin es más un antihéroe y en su viaje sus éxitos y fracasos están, una vez más, invertidos.

4. Hay una referencia musical muy llamativa en este paso. La aceptación de la llamada está en los tres casos representada por el tema de la Fuerza. Es más, en el caso de ‘El Despertar de la Fuerza’ el instante en el que el sable de luz de Anakin y Luke sobrevuela para caer en las manos de Rey no usa la grabación original compuesta por John Williams sino que reutiliza el fragmento de ‘Burning Homestead’ de ‘Una Nueva Esperanza’, exactamente la música que corresponde con la escena equivalente en esa película. No parece, por lo tanto, una reutilización innecesaria.

A partir de 1:27 para la reutilización de música de ‘Una Nueva Esperanza’.

5. La traducción más adecuada es ‘El Último Jedi’ puesto que la película hace referencia a Luke y sólo a Luke, pero o bien rompía mi norma de usar nombres en castellano o corregía el nombre oficial creando un ruido innecesario en el texto.

6. Me parece estúpido el nombre del personaje de Benicio del Toro, aunque no se le nombra en la película estas siglas son las que aparecen a su lado en los créditos.

7. Por esto mismo la escena de la despedida entre Leia y Holdo resulta de tan baja calidad. No ya sólo por tener una de las peores interpretaciones de la saga -Rian Johnson reconocía que Carrie Fisher improvisó muchas líneas que decidió mantener en el montaje final- sino porque resulta una salida del personaje de Holdo al ser condescendiente con Poe.

8. El propio Snoke bromea con el asunto diciendo que él mismo asumió que ella sería una Skywalker. Y John Williams reconocía en 2015 que, aunque no sabía nada, para él Rey era hija de Luke (Aunque no olvidemos que en 1977 Williams compuso el tema de Leia como el tema de amor entre Luke y Leia).

9. Porque -ejem- Padmé muere de pena al, intuyo, ver a su marido hundirse en el Lado Oscuro.

10. Esta referencia puede ser rizar el rizo pero el uso de ‘Aquarela do Brasil’ en Canto Bight hace recordar la película de 1985 de Terry Gilliam ‘Brazil’, en la que el tema se usa extensivamente. Igual en gran medida porque el casino más que recordar a un casino actual recuerda al de ‘Miedo y Asco en las Vegas’ también de Gilliam.