The Witness, conocimiento y aprendizaje 2018-01-21T21:59:15+00:00

Project Description

The Witness, conocimiento y aprendizaje

El metroidvania del conocimiento.

Escrito por ivb | @ivb_1973 | 8/10/2017

Pocas obras se atreven a tratar la importancia filosófica y espiritual de las teorías del conocimiento, mucho menos logran transmitir este debate a través del videojuego, como la obra que hoy nos ocupa.

El primer contacto con The Witness es de una sencillez elegante. Nada falta y nada sobra. Al ejecutar el juego aparece un efecto de luz básico que ilumina un pasadizo circular guiando la mirada hacia el fondo del pasadizo, donde hay un panel con una línea recta dibujado en él. Justo al inicio de la recta se ve un círculo del mismo tamaño que el cursor así que, tal y como dicta la intuición, probando a seleccionarlo se provoca que el círculo se ilumine y los movimientos del cursor se limiten a la misma recta. Cuando se llega al final de la línea, resiguiéndola, el cursor desaparece y la puerta se abre. A partir de aquí ya se puede subir por unas escaleras que llevan a la superficie de la isla donde se desarrolla el videojuego.

The Witness es un juego de intuición, inteligencia y percepción. Pronto empiezan a aparecer símbolos en los paneles, cuyo significado se escapa de buenas a primeras pero que indican el camino que el jugador debe tomar para resolverlos. Por suerte el diseño de este primer panel se replica en los más de 300 paneles que tiene el juego, con los elementos justos, sin nada que sobre y siempre con algo que decir al jugador sobre el funcionamiento de sus rompecabezas. Ya sea bien mostrando un diseño los suficientemente cerrado como para que se intuya el significado de los símbolos que aparecen en ellos, bien poniéndolos cerca de elementos del entorno que destacan la necesidad de ver lo que te rodea para poder resolverlo o simplemente funcionando como una prueba que el jugador debe pasar para demostrar que entiende el lenguaje que se han inventado los desarrolladores.

No es raro encontrarse con rompecabezas que parecen imposibles, llenos de símbolos o cuyo entorno no indica nada sobre cómo resolverlos. Puesto que esta obra se basa en el conocimiento real del jugador sobre la misma para avanzar, es común llegar a puntos muertos frustrantes.

Pero donde The Witness se desmarca de los juegos de puzles de la competencia y pasa a ser una auténtica obra de arte es en la transformación genuina que provoca en el jugador. No fuerza los cambios de perspectiva tan necesarios para entender un rompecabezas y resolverlo, sino que le invita a experimentarlos a través de la repetición de patrones, formas, sonidos y colores. Te enseña un lenguaje y te invita a desarrollarlo. Dicho de otra manera, te da un código para entender el mundo y te anima a aplicarlo de formas distintas sobre el mismo. Es quizás una de las mejores representaciones del pensamiento lateral en un videojuego.

Recompensar al jugador por replicar de distinta forma las maneras de ver el mundo que The Witness aporta, acaba por añadir a la experiencia dos elementos que son vitales para la experiencia humana pero difíciles de replicar; la obsesión y la evolución espiritual.

La primera es más directa y fácil de ver. Si te educan para que resuelvas una gran cantidad de puzles de líneas y te recompensan al encontrar patrones por el mundo que te ayudan a resolverlos, acabarás por pasarte las partidas leyendo entre líneas, empezarás a ver símbolos por todos lados y el ansia de resolver puzles se acrecentará por la posibilidad de que todo el mundo pueda formar parte de un gran rompecabezas que debe ser resuelto.

Esta es la misma obsesión que los grandes pensadores de la humanidad han tenido. Buscar patrones en el mundo para tratar de “resolver” la realidad. Y esta no es una comparativa forzada pues el juego muestra, a través de distintos contenidos audiovisuales, a distintos pensadores y genios buscando estas respuestas. ¿Por qué tiene sentido este patrón al que llamamos lenguaje?, ¿Qué significa creer?, ¿Qué es la verdad?, ¿Cómo se relaciona el lenguaje con la verdad?, ¿Hay perspectivas más verdaderas que otras?

Pero The Witness no se queda ahí y tratando dar una respuesta holística al planteamiento del conocimiento llega a lugares muy interesantes.

Ante todo, la obra que nos ocupa trata sobre cómo aprender a aprender. Si logramos superar la obsesión por desentrañar los misterios del mundo podremos empezar a vislumbrar la respuesta. Un mundo que se ve reforzado por un trabajo de sonido y arquitectura apabullantes, no en vano se rodearon de arquitectos profesionales para definir sus espacios.

Intentar imponer un modelo mental a la realidad es un limitante que, aunque funciona algunas veces, acaba por definir los límites de la propia experiencia y el alcance hacia lo verdadero, por lo que hace falta una lectura más holística y espiritual de la realidad que no deje nada al margen. Así, por cada vez que The Witness premia al jugador por replicar modelos mentales usados anteriormente, lo enajena y bloquea otra veintena de veces, regalando mucho más a aquellos que se atreven a pensar de formas distintas cuando lo ya conocido falla.

Cultivar este cambio de mentalidad, que se define por la capacidad de generar nuevos códigos para entender la realidad sin apegarse a ninguno de ellos, es un trabajo que exige paciencia y calma y, previéndolo, la obra ofrece cada rincón de la isla como un espacio de meditación personal donde dejarse maravillar por la belleza del diseño de sus formas, colores y sonidos. Esto junto con las reflexiones filosóficas y espirituales que se encuentran en la isla pone en un estado mental que permite, con mucha facilidad, trasladar la mentalidad abierta, curiosa y llena de sed de conocimiento que cultiva el título en el mundo real, dónde se hace un símil entre la actitud necesaria para superar los rompecabezas de The Witness y la necesaria para darle sentido a la vida; poder afrontarla con criterio, profundidad y una mirada honesta que no se deje llevar por la obsesión y la intranquilidad de la necesidad por resolver el mundo.

Así, con paz, apertura y conciencia volvemos a ese pasadizo inicial, cuyas elegantes formas ocultan más de lo que al principio llegamos a imaginar y descubrimos que el mundo tiene un regalo que ofrecer a los que se atreven a mirar.