Senua y el valor de la vida2018-01-29T23:33:41+00:00

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Senua y el valor de la vida

El valor de acercarse a la muerte para hablar de la enfermedad.

Escrito por ivb | @ivb_1973 | 24/09/2017

No es inusual haber tenido una relación de cercanía con alguien terminal, un familiar o un amigo. Quien más quien menos ha vivido la experiencia de ver a un semejante enfrentarse a la muerte.

Es demasiado habitual tanto para el afectado como para los que le rodean actuar como si esta no existiese. Se ha generalizado un comportamiento de evasión ante la pérdida que destaca una lucha imposible de ganar. La forma en la que el mundo que nos rodea se enfrenta al inevitable es pretender como si no existiese, por lo que parte de las desviaciones del alma y la mente nacen de esta deshonestidad con uno mismo.

Hellblade: Senua’s Sacrifice es un videojuego que, sin ocultar sus mecánicas más básicas ni su inspiración en la cultura nórdica y celta, aspira a transformarlas en un catalizador de la experiencia de la esquizofrenia. Yendo más allá, los desarrolladores han escogido este medio para dar unas pinceladas del sufrimiento que trae esta enfermedad, gracias a la colaboración de psiquiatras y agentes sociales que se encargaron de que cada detalle fuese una representación válida de las dificultades a las que se debe enfrentar quien la padece.

El juego arranca con la muerte de un ser querido por la protagonista, Senua, hecho que potencia gravemente su enfermedad y la lanza a una aventura imposible para salvar su alma de Hel, el reino de los muertos de la mitología nórdica, donde ve cosas que no existen y oye voces que solo están en su cabeza.

La no aceptación de la muerte impregna los momentos más intensos de la obra, donde la culpa y la pena anulan a la protagonista, acercándola a una especie de noche oscura del alma donde debe aprender a aceptarse a sí misma y la naturaleza finita del hombre.

De la misma manera que los personajes que aparecen en el pasado de Senua la exilian por loca, nuestra época desprecia aquellos capaces de hacerse las preguntas más incómodas sobre el sentido de la vida y la muerte. Porque tenemos muy interiorizado que la muerte siempre es la de otros y que mientras no nos afecte directamente podremos evadirla, el mundo seguirá girando.

Pero esta amenaza acaba volviendo, siempre con más fuerza. Porque la lucha contra la muerte es la lucha contra nosotros mismos. Odiamos morir porque odiamos nuestra naturaleza y el único punto de partida que puede ayudar a superarla es la aceptación del don de la vida. Con todas sus virtudes, especialmente con sus defectos.

En el rechazo de lo que se nos ha dado reside el peor pecado de la humanidad y el padre de todas las enfermedades. El pecado original consiste en la entrada de la muerte en la vida del hombre por medio de su deseo de ser otra cosa distinta.

El don de Senua es el de la empatía y una sensibilidad especial, que se transforma en enfermedad cuando la negación de sí misma entra en su vida a través de la culpa que deviene de haber vivido una situación tan traumática.

En nuestro día a día luchamos con la pérdida buscando distracciones y, cuando ya resulta inevitable por la vejez, nos despertamos en medio de la noche desorientados y farfullando insultos contra el familiar más cercano. Aquí tan solo luchas con una espada contra criaturas mitológicas que funcionan como una representación de la oscuridad de Senua, pero la solución es la misma. Dejar el odio a un lado y aceptar el don de la vida, pues es entonces cuando el conflicto adquiere resolución y la muerte sentido.

Si son ojos llenos de vida los que miran, dejamos que se obren milagros y la muerte no puede hacer nada. El primer paso para responder a la llamada de vida es atreverse a ver el mundo tal y como es, con una mirada sencilla y humilde.