NieR: Automata y el deseo2018-01-21T22:05:14+00:00

Project Description

NieR: Automata y el deseo

Primer paso hacia la humanidad.

Escrito por ivb | @ivb_1973 | 16/11/2017

Se dice que hemos sido creados a imagen y semejanza de nuestro Creador. Como copias imperfectas tendemos a generar un núcleo de personalidad moral y ético en función de las formas en que llegamos a conectar con nuestro deseo de plenitud, de ser como Él. Hay quien dice que el hombre debe imitar la Naturaleza para lograr ser verdaderamente humano, otros que debe seguir a Dios como creador, o que debe buscar el Paraíso en la tierra, o jurar lealtad a quien le dé significado.

A pesar de todas estas formas contradictorias entre sí de atesorar el deseo más íntimo, podemos olvidarnos de la verdad que ocultan y llegar a la irracionalidad de la naturaleza que pretendemos proteger y a la ceguera del fanático. Incluso así, lo peor que podemos hacer es integrarnos en la sociedad negando nuestro anhelo y no salir jamás de nuestra oscura caverna, viviendo de las sombras que el mundo proyecta en ella.

Nier Automata es una parodia de ese deseo central de parecerse al creador, de lo que significa ser humano.

Nada más empezar 2B, la protagonista, le pregunta a un posible dios por el sentido de su sufrimiento de una forma más bien poco amable. Este es el fundamento que vertebra el dilema de 2B durante todo el juego, y por extensión, el de todos los personajes del juego.

Hechos a imagen y semejanza de la humanidad, máquinas y androides llevan siglos luchando en una guerra que no les pertenece, deseando secretamente ser como aquellos a quienes copian. Pero solo las máquinas que se atreven a desconectarse del sistema y los androides capaces de vivir tras la presión del crimen de sedición, que aquí premian con la muerte, pueden vivir de otra forma. Los demás están condenados a una vida de producción y progreso en nombre de la nada más absoluta, símil directo de las grises vidas de quien no se atreve a ir más allá y se conforma con una vida sin demasiadas preguntas.

Sin embargo, lo interesante aquí es como logra parodiar esa humanidad, elevándola al absurdo para que se pueda tomar consciencia de ella de un modo directo. Este es el papel de las máquinas del juego. Del mismo modo que el hombre puede ser el nivel de la naturaleza en que esta toma consciencia de sí misma y desear la plenitud, es decir, un ser con vocación divina, las máquinas de Autómata tienen vocación humana, pero sin llegar nunca a ser hombres del todo.

Nier: Autómata muestra el sentido de la vida de las máquinas que han despertado a través de la obsesión con un tesoro particular, ya sea la belleza, un reino o una relación de parentesco impostada, de entre otras. Proteger este tesoro es la forma que tienen de parecerse a los hombres que tanto admiran y el resultado es una especie de esquizofrenia demente porque no saben controlar lo que guardan dentro de sí y aún con esas se atreven a marcar la diferencia.

Es una versión ridícula del deseo de los hombres que muestra de una forma tan dura como directa el sinsentido de una humanidad latente en quien no debería mostrar anhelos propios. Aunque también puede leerse a la inversa. Son como niños pequeños jugando a ser papás y mamás, experimentando con sus posibilidades y descubriendo quiénes son en el proceso.

La construcción de la especie de las máquinas resulta fascinante porque nos recuerda cómo funcionan nuestros anhelos a un nivel muy básico. Lo que empieza como repetición, a veces incluso grotesca, puede evolucionar en un deseo real de verdad y belleza y aquí este proceso se ve en como distintas máquinas han llegado a distintos puntos de su evolución.

Luego la identificación con los androides ya es más directa porque han sido creados para parecerse todo lo posible a la humanidad, pese a las licencias artísticas que buscan embellecer el producto final y les asemeja más a muñecas de combate que a hombres y mujeres reales. Tiene sentido, si los robots tienen una estética que mezcla la máquina de guerra con el juguete infantil, los androides, como versión más evolucionada, representan la cara bonita de la humanidad y son el juguete embellecido y desarrollado, la muñeca.

Estas decisiones de diseño también reflejan el tema central del juego, puesto que ambas especies actúan como juguetes de cara a sus creadores y han sido abandonados a su suerte. Siendo la muñeca la que más se asemeja al hombre, tanto en forma como en esencia, y el juguete más sencillo la que comprende las formas de deseo más imperfectas, y por ello más fáciles de reconocer.

Este abandono forma parte del ambiente del juego, cuya melancolía se siente constantemente y se ve en la humanidad rota de los habitantes de ese nuevo mundo. Así, Nier: Autómata replica un enfrentamiento de juguetes contra muñecas conscientes de sí mismos, definiendo una verdadera tragicomedia al plantear el absurdo de su condición junto la gravedad de sus anhelos.

Sin embargo Yoko Taro, director y uno de los escritores del juego, no se queda ahí y te muestra, en un final brillante y a través del propio acto de jugar, que una humanidad rota e imperfecta es necesaria para darle sentido al mundo, aunque esta forme parte de una existencia aparentemente absurda. Pues en definitiva ese deseo de plenitud es lo primero que nos mueve, abriendo las puertas a algo más.

Así, la genialidad de esta obra reside en mostrarte los primeros anhelos de una raza joven y su evolución planteada en contraste con la ridiculez de su contexto, para acabar demostrando que ese deseo es origen de vida y lleva consigo una promesa, la de quien pese a sufrir y no ver nada se mueve. Porque quien busca, encuentra.