E3 2018, sorpresas y decepciones2018-06-15T16:18:18+00:00

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E3 2018, sorpresas y decepciones

El equipo de Gamefeel comenta la feria de videojuegos.

Escrito por el equipo de Gamefeel | @Gamefeeles | 14/06/2018

Las conferencias del E3 llegaron a su fin y de parte del equipo de Gamefeel queremos reflexionar sobre los asuntos que más nos han inspirado y preocupado del mismo. Como cada persona es un mundo, hemos decidido hacerlo así, pues no todos tenemos los mismos intereses y las opiniones formadas pueden llegar a complementarse mejor que una entrada global.

Diegodcsantos

Creo que soy nintendero desde incluso antes de saber que esa palabra con un significado tan particular existía. Crecer con una NES y madurar con todas sus consolas posteriores te hace tener una visión muy personal de lo que la compañía afronta con cada novedad y paso adelante en el mundo de la industria. Mientras que desde fuera se plantea una realidad en la que no paran de adelantar a toda velocidad a la buena gente de Kyoto, desde dentro, los que nos denominamos nintenderos nos aferramos a la idea de que si Nintendo va más despacio es porque quiere y sobre todo, porque puede.
Hemos sobrevivido décadas, sonreímos ante la derrota de Sega con ojos victoriosos, sufrimos la gran ola de Sony, que se nos llevó por delante, e incluso asistimos a una tenebrosa decadencia posterior, siempre salvada por lo más importante, grandísimos videojuegos. De Nintendo siempre lo hemos esperado todo y muy pocas veces ha sido capaz de dejarnos indiferentes, para bien o para mal.

Alabamos con orgullo y criticamos con honestidad porque los nintenderos, más que otros fans, creemos que una parte de la compañía nos pertenece, al igual que nosotros le pertenecemos a ella a niveles peligrosamente patológicos.
Muchos años han pasado desde los E3 de finales de los noventa, cuando los grandes stands de la gran N ahogaban a la competencia con un mar de propuestas a años luz de cualquier intento externo. En estas dos décadas hemos asistido a una pérdida de interés (y de poder, evidentemente) en la que poco a poco, la compañía se ha ido tejiendo una tela protectora desde la cual mandaba sus mensajes con la tranquilidad de quien sigue su propio camino.

Muchas fueron las voces críticas que, con razón, auguraban una cuesta abajo difícilmente controlable. Pero ahí aparecían siempre Miyamoto y sus pupilos con ese one more thing, esa enésima vuelta de tuerca que lo cambiaba todo, ese nuevo producto hecho con el corazón en la mano y el 10/10 en el bolsillo. Así hemos ido sobreviviendo, siempre con algo a lo que aferrarnos, siempre con un arma terriblemente perfecta con la que defendernos.
Los últimos dos años habíamos cogido aire e hinchado el pecho, Breath of the Wild y Odyssey se comieron el E3 y la sensación era que la desaceleración iba a ser evidente pero fácilmente subsanable con esas sagas menores que, no nos engañemos, no lo son.

Pero no, no ha sido así. Y lo peor no es ver a Miyamoto más preocupado de sonreír en la conferencia de Ubi como si fuera la cabeza visible de una importante third party apoyando un producto abocado a la indiferencia. Lo peor no es ver la enésima versión de un Mario Party que será tan bueno como anodino. Lo peor no es asistir a la peor pesadilla de un verdadero fan de Pokémon, convirtiendo un profundo y fantástico juego de rol en el derivado elaborado de un pobre juego de móvil. Lo peor no es ver Fire Emblem presentado como si fuera un juego del montón. Lo peor no es bostezar con Smash Bros, en un video más propio de Digital Foundry que de un Direct. Lo peor no es ver que no hay noticias de Metroid, de Retro, de sorpresas o de la enésima vuelta de F-Zero, Donkey Kong, Pikmin o incluso Wave Race. No, eso no es lo peor.
Lo peor es que Nintendo, por primera vez en veinte años, me resultó errática, irrelevante y pareció plenamente consciente de ello.

ivb

Podría decirse que este E3 ha seguido la estela de eventos anteriores, relegando a un segundo plano las novedades y aprovechando las distintas distribuidoras para generar espectáculo e interés alrededor de títulos anteriormente anunciados. Más que un festival de novedades se ha ido transformado en una celebración de los videojuegos en su faceta más simplona y naif.

Tras cada secuela y moda se esconde un espectáculo vacío con el que se han ido sustituyendo elementos propios del videojuego por otra cosa. Jugabilidad, diseño y arte se han mostrado tímidamente en entrevistas y demos, poniendo en primer lugar un músculo técnico inexistente remarcado por la épica desenfadada. Curiosamente ha sido Kojima quien ha aportado lo más parecido a una atmósfera sugerente con ese paseo de Reedus en Death Stranding.

No obstante no todo ha sido malo, pues entre conferencias ha habido tiempo para recordar por qué amamos este medio. Por cada propuesta exagerada y grandilocuente hemos tenido otras de dimensiones más humildes pero comprometidas con distintas formas de entender el medio. Como el curioso My Friend Pedro, donde las espectaculares cabriolas violentas no te vienen dadas por cinemáticas, sino que las realizas tú, o el sugerente Sable, cuyo apartado visual sugiere mil mundos que explorar.

El E3 se reafirma como el evento de las grandes distribuidoras a la par que las más pequeñas se van abriendo paso y van adquiriendo relevancia poco a poco. Podríamos decir que la dirección que ha ido tomando la feria estos últimos años significa el estancamiento y muerte del triple A, pero un servidor cree que tan solo implica la celebración de un modo lícito y concreto de entender el medio. Incluso se han ido destilando como atractivas propuestas que en principio no prometían demasiado, al oír en boca de desarrolladores detalles que la pirotecnia clónica de las conferencias ignoraba, como fue el caso de Cyberpunk.

La idea de E3 como lugar donde ilusionarnos y sorprendernos es un anacronismo, solo nos queda el espectáculo, pero otros vendrán y tomarán el lugar que les corresponde como creativos libres y con recursos. Por ahora tenemos que cambiar de perspectiva, puesto que el E3 ya no es un lugar lleno de magia, disfrutemos de las explosiones.

yayo

E3. Dos mil dieciocho. Y ya cuántos años van.

La verdad ya ni me acuerdo cuándo empecé a seguirlo. Creo que solo una vez (o dos) me quedé hasta las cinco de la madrugada (o más) mirando las conferencias en directo. En general nunca le hice mucho caso más allá de los jueguicos (es una pérdida de tiempo y los años del ONE MILLION TROOPS hace mucho que se fueron – y aceptémoslo: ya no volverán).

Pero lo que más me llama la atención, con mi actual mirada de perro viejo cansado de todo, es la subnormalidad de los que lo siguen ávidos, como zombies buscando un cerebro. No porque sea estúpido seguir juegos, ni esperar algo sabiendo que lo que muestran es más bien una mentira en CGI (o “IN ENGINE CUTSCENE” como le dicen ahora) que un juego real. Lo que me repatea los cojones es esa necesidad fanboyista de intentar decidir “quién ganó el é tres este año”, esa necesidad de reafirmarse. Porque como me compré una pleysteychon, microsoft es un mierda. Y viceversa. Pero jo jo JO CUIDADO que los verdaderos somos de Nintendo.

No. Cojones, no. E3 es un circo penoso, una excusa para que developers y “LA PRENSA” (juas) se chupen las tetas los unos a los otros y sigan mintiéndose, aceptando que el crunch, los que se queman haciendo juegos, la mano de obra joven que no supera una media de 25 años y que el capitalismo que envenena nuestras cuentas de steam y la falta de juegos realmente “Maduros” (lo siento, Dad of War, pero ya no tengo paciencia para tus mierdas) no son problemas ni temas a cuestionar.

Más grande. Más explosivo. Más duro. Más secuelas. Más mejor. Más de lo mismo. Una puta mierda.

p.d: The Last of Us 2. Puta madre. Qué burrada. ESA NARIZ.

Reisor

Efectivamente, los rumores sobre que el nuevo Fallout 76 iba a ser un videojuego online eran ciertos. Si pudiésemos viajar atrás en el tiempo, al momento en el que salió el primer Fallout, encontraríamos un juego con la misma temática que los que hacía BlackIsle por aquel entonces. El tiempo pasó y Bethesda se hizo con la IP, sacando el tercer juego de la saga reconvertido en un Elder Scroll basado en el mundillo post-apocalíptico de los Fallout.

Con el tercer juego vimos un cambio a peor al adaptarlo a las obras que esta compañía suele hacer. Por suerte recibimos por parte de Obsidian Entertainment una mejora sustancial de la fórmula creada por Bethesda, especialmente por lo que respecta a la historia. De la cuarta entrega mejor no hablar, como si no existiera.

Con Fallout 76 nos presentan un survival-FPS-RPG-online-SIM-mehagomicasa. Lo primero que pensé al verlo fue en Destiny y no tardaron mucho en hacer ellos mismos una referencia a este juego, cuando hablaron de la gente online que habría en cada mundo. Si con Fallout 3 Bethesda cambió la saga radicalmente, casualizándola a los estándares de la época, esta nueva entrega la dota aún más de esta tan querida práctica de hacer casual cada juego. Se me olvidaba nombrar como han eliminado lo poco que respetaron de los antiguos, me refiero al VATS.

Como fan de esta saga me siento cada vez más dolido con cada nueva entrega, observando desde mi vieja silla, con la que disfruté antaño del amor que creo BlackIsle, como Fallout poco a poco se destruye a si mismo hasta llegar a su propio apocalipsis.