Día de votación 2018-06-04T15:01:00+00:00

Project Description

Día de votación

Escrito por Dr.Tenma | 14/02/2018

El silencio se rompe a las 7:01 por la música que sale de una radio. La única figura del apartamento 11 del piso 38 agita la mano izquierda para intentar interrumpirla, pero ésta no cesa. La ignora y se levanta. Es un varón de complexión normal, castaño y sin aparentes taras físicas. Lucas es una persona normal.

La fina lluvia golpea la única ventana del apartamento. Fuera, las luces de la ciudad no dejan claro si el sol ha llegado a salir aún o no. Es Febrero y hace ya varias semanas desde que dejó de hacer frío. Mientras, él coge su ropa y avanza hasta el cuarto de baño, la canción termina y la radio escupe unas pocas palabras justo antes de apagarse por sí sola.

“… Una canción muy apropiada para el día de hoy. ¿Que qué día es hoy? ¡Cómo si lo supieseis todos ya! ¡Sólo recordad que tenéis hasta las 12:00 del mediodía para hacerlo! Así que hablemos del partido de anoche, Mark estuvo…”

El apartamento de Lucas es sencillo, lo único que resulta poco habitual son las estanterías repletas con libros impresos. Hay únicamente dos espacios -como suelen decir los interioristas- la cocina, el salón y el dormitorio comparten uno de ellos, mientras que el cuarto de baño acapara el resto. Pese a que no tendrá más de 30m2 aparenta ser mayor debido a que está perfectamente ordenada.

Lucas toca la esquina inferior izquierda del espejo del baño mientras usa la toalla para secarse de una corta ducha que acaba de darse. El espejo se vuelve opaco por sus esquinas y despliega un menú en el que resalta un banner con forma de corazón con un sencillo Vota en su interior. Al tocarlo, el espejo entero se llena de pequeñas fotografías. Lucas hace scroll hacia abajo, leyendo rápidamente los apellidos y nombres que acompañan a cada foto en miniatura. Se para y pulsa con el índice una, ésta crece hasta ocupar la mayoría del espejo.

Martínez Egeo, Laura es el nombre que acompaña la imagen de una chica de pelo largo y castaño que posa con una sonrisa aparentemente forzada. El resto del espejo lo ocupan datos -altura, peso, grupo sanguíneo, universidad de estudio, etc- y dos recuadros y No. Al pulsar sí, el espejo reacciona con un pequeño tintineo mientras la foto de Martínez Egeo, Laura se vuelve verde. Lucas ignora el recuadro titulado Barajar y pulsa Continuar, la imagen de Laura se minimiza, su información desaparece y Lucas hace scroll hasta abajo del todo y pulsa otro recuadro –Resto No. Desactiva el espejo, termina de secarse y se viste.

Lucas espera la llegada del monorail en la zona techada de la parada, puesto que aún cae alguna gota de lluvia. A su alrededor no hay muchas más personas, una señora mayor con bolsas de la compra y dos ruidosas chicas jóvenes que esperan fumando. Dedica unos segundos de su tiempo a ojear el cartel gubernamental contra el acoso. El cartel del 4357 incluye una imagen de una actriz antigua, que es lo que ha atraído su atención puesto que es incapaz de recordar quién es o en qué película se usaba aquella imagen. Mientras combate la frustración por su incapacidad de ubicar esa escena capta una porción de la conversación de las adolescentes:

– El año pasado fueron 35, yo creo que esta vez serán más.

– ¿¡35…!? Tía, yo más de 15…

– Da igual, como mucho hay 5 que merezcan la pena.

En los altavoces de la parada resuena la sutil tonada que indica la llegada del monorail a la parada. La mayoría sube, salvo las dos jóvenes que siguen de cháchara.

El monorail prosigue su trayecto en silencio, y avanza con velocidad por las vías elevadas que cruzan la ciudad. Entre la docena de personas que hay dentro del vagón hay un grupo de cuatro chavales sentados -ocupando el doble de espacio- que ríen y hacen aspavientos, a los que Lucas saluda con la cabeza al verlos. Él se sienta en un asiento de ventanilla desde donde observa a una chica muy atractiva atusándose su larga cabellera rubia usando una ventanilla de espejo. Acto seguido, se pone unos auriculares, abre la aplicación de noticias del móvil y presiona play. Una voz grave y culta resuena:

” … conocí a mi marido en la de Mayo, amor a primera vista. Para mí todas las votaciones son importantes, pero no se puede negar que a la sociedad le preocupa más la votación de hoy que las otras tres. Muy posiblemente tenga que ver por la temática de la votación y la fascinación por el ser humano con el día de hoy. No es del todo desconocido que ya los antiguos romanos celebraban las lupercales sobre esta fecha, para después dedicarse el día para conmemorar a los mártires cristianos llamados Valentín. Es cierto que la asociación del día de hoy con el amor es algo del siglo pasado, pero creo que la sociedad ha juntado ambos hechos y considerado…”

Lucas cierra la aplicación e inicia la aplicación de música.

Cuando el monorail llega a la última parada -el campus de la Universidad General- la lluvia ha cesado por completo y ha sido sustituida por un sol radiante. En el campus los edificios lucen majestuosos por el contraste entre sus húmedas paredes y el sol deslumbrante. Los distintos estilos arquitectónicos parecen luchar por la supremacía: neoclásico, modernista, bilbaíno e incluso helenístico para la Facultad de Lenguas Clásicas. Mientras, los alumnos deambulan por el campus en un aparente orden muy cercano al de las colmenas de abejas. Por el camino desde la estación hasta la Facultad de Ciencias Básicas -de estilo bilbaíno- Lucas saluda a un par de personas, pero no se detiene a charlar con ninguna.

Ya dentro de la facultad, Lucas avanza decidido y rápido hasta llegar al aula 9732 -el lugar de la clase de Ética Científica. Antes de cruzar la puerta, otea el contenido del aula, en concreto busca a alguien que no parece estar. Busca un sitio para sentarse, el aula no está demasiado llena pero ningún sitio parece satisfacer a Lucas. Finalmente coloca la mochila en la tercera fila y se sienta ahí mientras que hace como que ojea el móvil. Al poco se acerca una chica con el pelo a mechones rubio, rosa y verde.

– ¡Hola!

– ¡Hey, hola, Marta! ¿Qué tal? ¿Planes para el fin de semana?

– Puede -ríe un poco nerviosa- pero ya veremos a mediodía, ¿No?

– Ya claro -la atención de Lucas se dispersa al ver entrar a Laura por la puerta- Sí, claro…

– ¿Has hecho los problemas de relatividad?

– ¿Cuáles… Había problemas? -Laura se sienta en la segunda fila, justo delante de Lucas- Ehh, hola Laura -Ella sonríe y responde con un más que tímido “hola”.

– ¡Hola! -dice Marta girándose para ver a Laura- ¿Has hecho tú los problemas de relatividad? Porque aquí Lucas ni sabe de qué le hablo…

Las clases se suceden unas tras otra como una apisonadora sobre Lucas. Cada nuevo minuto del día parece requerir más oscilaciones de radiación de un átomo de Cesio de lo normal. Sólo puede pensar en el tiempo que queda para conocer el resultado de la votación. Afortunadamente -piensa- no tengo clase ahora y puedo ir a un sitio tranquilo para esperar. Se despide de sus compañeros hasta la siguiente hora -menos de Laura, a la que intenta evitar por miedo- y sale del aula decidido hasta la biblioteca, donde espera no ser molestado en su periodo de duelo hasta obtener una respuesta.

Por los pasillos se cruza con los chicos del monorail que van hacia el aula 9732 para la siguiente clase. Capta muy de pasada lo que dice Marcos, el aparente líder del grupillo.

– … votado a las más zorras, para ellas hoy es un regalo, para las del rollo serio es como caparte …

La biblioteca es tan grande y espaciosa que es difícil saber si hay muchos estudiantes usando las instalaciones o no. Lucas mira con impaciencia la pantalla del móvil. 12:02 aún. Se arrepiente de no haberse atrevido a decir algo a Laura al irse de clase. 12:03. La Facultad de Ciencias se debate entre el jolgorio, la impasividad y el nerviosismo. Hay grupos que charlan con efusividad, gente aislada haciendo como que trabaja -este es el caso de Lucas, que ha ido a la biblioteca únicamente a mirar su móvil- y mucho movimiento por los pasillos. 12:04. Lo más absurdo -piensa Lucas- es que hasta las 12:05 el sistema no mandará los resultados. Pero, al igual que mantiene un irrealista hilo de esperanza sobre una respuesta ya conocida, espera que mirar al móvil acelere el tiempo.

12:05. NO.

Pese a ser una noticia esperada, Lucas necesita de más de un minuto para procesar la decepción. Sabe que tiene cuarenta minutos hasta la siguiente clase donde Laura seguirá estando y, posiblemente, con pareja ya. ¿Cómo podría ser de otro modo si no?

La última clase de este Viernes para Lucas es sobre cyber seguridad; y no le interesa ni remotamente. Se ha sentando en una esquina, no tiene muy buena visibilidad a la pizarra pero sí a la segunda fila donde Laura sigue sentada. Él sólo ha ido porque coincide que es la última clase también para ella y espera descubrir si a ella le ha contestado alguien que sí. Este enigma anida en su cabeza y le lleva a observar cada movimiento de Laura como si en ellos estuviera la respuesta. Al acabar la clase, empieza a recoger al mismo ritmo que Laura, se despide tímidamente de algunos compañeros y avanza rápido para intentar irse con ella hacia el monorail.

Cualquier otro día este momento sería el mejor de la semana, igual ni siquiera debería ir con ella hoy en el monorail.

Ambos salen de la facultad y avanzan por la avenida.

Laura parece pensativa, igual le molesta que vaya con ella. No parece que haya quedado con nadie de… ¿Le habrán dicho que no también? No soporto este silencio, debería hablar.

– Bueno y, ¿qué tal el día? ¿Planes para el finde? ¿Has encontrado novio? – Estúpido. Estúpido.

– Bien. No -suelta una sonora carcajada. Su risa es tan dulce– Tampoco soy muy fan de este día, ¿sabes?

– Ya, yo tampoco, vaya… Me parece hasta un poco artificial, ¿no crees?

– …

– Me… Meeee –respira y tranquilízate, idiota– Me refiero a que se publicitan como un día para encontrar el amor verdadero y, en cambio, se les llama sólo día de votación. ¿No es un poco impersonal?

– Puede, pero… ¿Qué quieres? ¿Prefieres “Día del amor”? O, peor, San Valentín -una nueva carcajada acompaña sus palabras. Sonríe, mira a Lucas y añade-  Sería muy empalagoso, ¿no?

– Sí… Ya… Vale… Sí, o sea, claro pero…

– … Pero funciona.

– ¿Perdona, Laura?

– Digo que el sistema funciona. Es amor sin rechazo, ¿no? Sin que tengas que sufrir la humillación de que te digan que no. El protocolo es seguro, nadie salvo quien dice que sí sabe que ha querido estar con esa persona.

– Ya, ya, desde luego. El cálculo de puertas AND, la posibilidad de que uno baraje sus datos para encriptar la respuesta… Estoy de acuerdo en que el protocolo hace su función: a efectos prácticos sólo la persona rechazada sabe que ha sido rechazada.

– Pues eso: amor sin rechazo.

– ¡Pero eso es lo falso! –deberías callarte aquí– El rechazo sigue estando, Laura. Se dice que no y ese es el rechazo. Vale que no hay tanta vergüenza, pero… ¿Compensa? –¿Por qué me mira con esa media sonrisita?– Me refiero a que perdemos algo.

– Sí, la humillación -vuelve a reír, en esta ocasión mientras agita la cabeza hacia los lados.

– Aparte. Perdemos saber que interesamos a alguien. ¿Es que eso no cuenta? ¿No crees que la actitud de una persona no puede cambiar si entiende que otra actúa de un modo distinto porque siente algo por la otra persona?

– …

-¿No… No… No cambiaría nada para ti si supieras que me gustas?

– … ¿¡Qué!? -Laura deja de andar, su expresión se ha endurecido, ha perdido la sonrisa y hurga con su mano en el bolsillo del abrigo.

– Digo que… Que me gustas, Laura. Me gustas mucho y no creo que eso sea malo. Sé que no te intereso, sé que no me ves así, sé que ni siquiera quieres ir a tomar algo conmigo pero… ¡Me gustas! Me encanta su sonrisa, tu risa, tu… ¿Acaso no importa lo que siento? ¿No piensas “igual merecería la pena conocerle”? ¿No sería preferible hablar estas cosas cara a cara?

– …

Al fondo se escucha una sirena que Lucas no parece distinguir.

– … Quiero intentarlo. Me gustas tanto que no me importa la humillación porque igual, como posibilidad infinitesimal, saberlo te hace verme con otros ojos. Y si no, lo acepto, no te mo…

– ¡Aléjese! – Lucas mira a su derecha y ve al guarda del campus apuntándole con una pistola calmante.

– … ¿¡Has llamado al 4357!? ¿¡Crees que voy a…

Un disparo seco da en el pecho de Lucas, que cae redondo al suelo con los ojos abiertos. Salvo por una pequeña sacudida en los ojos, su cuerpo parece un muñeco sin vida. Dos guardas más se acercan y levantan el cuerpo inerte de Lucas para introducirlo en un furgón de seguridad.

Laura se echa las manos a la cara y empieza a llorar. Del furgón sale una mujer de mediana edad con un uniforme gris, en su solapa hay un símbolo del Ministerio de Elección. Se acerca a Laura y le pone una mano en el hombro.

– Ya ha pasado, cariño. ¿Estás bien?

– … Yo… ¿Por qué lo ha hecho? ¿Por qué alguien sería tan cruel de declararse en persona? ¡Y más sabiendo que le va a rechazar! Yo voto que No, ¿Sabe? No soy de las que dejan sin votar, sólo digo que sí a los que me interesan a los demás que no -grandes lágrimas salen de sus ojos azules y recorren sus mejillas. No solloza, sólo llora.

– Hay gente enferma, y para eso estamos nosotros.

– ¡¿Pero qué esperaba?! ¿Cómo quería que reaccionara? ¡Por Dios, si compartimos clases! ¿Cómo esperaba que le saludase a partir de ahora? ¡Tendré que ignorarle! ¿Es que no ha pensado en eso? ¿En la molestia? ¡Y la clase lo sabrá! ¡Y preguntarán! ¿Qué mierda tiene en la cabeza? ¿Me tengo que hacer la desconocida a partir de ahora? ¡Es que no lo puedo entender!

– Tranquila, cariño, no vas a volver a verle. Para eso están las peticiones de no-proximidad -saca una tableta de un bolsillo interior de la chaqueta- Si das tu consentimiento, podrás seguir con tu vida. Le reubicaremos a otra universidad, a otra ciudad si hace falta. El Ministerio de Interior se encargará de todo.

– No lo entiendo… Tanta crueldad…

– Aquí, cariño, pon el pulgar y todo pasará. ¿Necesitas alguna asesoría? Sabes que tienes derecho a las sesiones que necesites.

Laura se limpia las lágrimas con la manga del abrigo y coloca el pulgar de su mano derecha en el recuadro. La tableta emite un tintineo y en la pantalla aparece una carita sonriente en verde.

Créditos

Uninvited
Escrita e interpretada por Alanis Morissette
Producida por Rob Cavallo y Alanis Morissette
Maverick Recording Company

Violin Concerto en D Major Op.77:3. Vivace Non Troppo
Escrita por Johannes Brahms
Interpretado por la Filarmónica de Berlin, dirigida por Herbert von Karajan
Solos de Anne-Sophie Mutter (violin) y Antonio Meneses (cello)
Deutsche Grammophon GmbH, Hamburg

Meeting Laura (de ‘Perfume: The Story of a Murderer’)
Escrita por Tom Tykwer, Johnny Klimek y Reinhold Heil
Interpretado por la Filarmónica de Berlin, dirigida por Simon Rattle
EMI Classics

Table for Two (de ‘Nocturnal Animals’)
Escrita por Abel Korzeniowski
Silva Screen